Mostrando entradas con la etiqueta Toby Hemenway. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Toby Hemenway. Mostrar todas las entradas

domingo, 10 de enero de 2016

Arar o no arar, ¿es esa es la cuestión?

El invierno es para este bosque de alimentos la etapa de trabajo más variado y creativo. Este año estoy liada plantando un segundo cortavientos -tres de unos quince ya están en tierra-, plantando los árboles que se me ocurran y donde se me ocurra -la era de los nogales está casi lista-, haciendo una nueva zanja empezando con árboles pioneros -aun en proyecto- y preparando nuevos depósitos para recoger agua -uno de los dos depósitos nuevos que he llevado ya está recogiendo agua-. No quiero que me pase como el año pasado que casi se me echó la primavera encima y tuve que andar corriendo, espero poder organizarme mejor.


Este es el depósito que más agua tiene. Ha sido un otoño muy seco.

Además de todos los trabajos anteriores, este año tengo un nuevo proyectito en marcha, otro experimento. Ando dándole vueltas al tema de la labranza, ¿es realmente tan necesaria para cultivar alimentos? De mis amigos Carmen y José Ramón de la Asociación Cultural Fuentevieja he aprendido que no. Y, sin embargo, llevamos miles de años destrozando los ecosistemas, poniendo la tierra en una etapa muy temprana de la sucesión para cultivar las plantas que nos gustan, y, para eso, no hay más remedio que arar sin falta, al menos una vez al año. Mi vecinos agricultores del pueblo, aran dos veces, porque la visión de una pobre hierbecilla que se atreve a crecer, aun después de toda la metralla que echan al suelo-, les pone medio locos.

Aun a riesgo de que este blog pueda parecer una traducción del libro de Toby Hemenway "Gaia's Garden" voy a volver a utilizarlo porque siempre ilustra mucho mejor que yo todo lo que quiero contar. 

"¿Arar o no arar?

Hemos visto que la materia orgánica mantiene el suelo ligero y esponjoso y fácilmente penetrable por las raíces. ¿Qué pasa entonces con los métodos mecánicos para abrir el suelo?.

El descubrimiento del arado se cuenta entre uno de los grandes avances de la humanidad. Los agricultores saben que arar libera la fertilidad encerrada en el suelo. Arar además limita la maleza y entremezcla profundamente la hojarasca con la tierra. Nosotros también hacemos esto cuando sacamos la motoazada del garaje y empujamos a esta bestia roncante por los arriates entre una nube de humo azul.

¿Qué sucede realmente al arar? Al batir el suelo, le estamos introduciendo aire fresco. Todo ese oxígeno vigoriza la vida de éste, la cual se concentra en ponerse en marcha, descomponiendo la materia orgánica y cogiendo minerales del humus y de las partículas rocosas. El arar también separa el suelo, incrementando enormemente su superficie, creando pedazos pequeños de los más grandes. Los microbios del suelo colonizan esas nuevas superficies, extrayendo más nutrientes y explotando en población.

Esto va muy bien en la primera temporada. El estallido de nutrientes alimenta un increíble crecimiento de las plantas, y la cosecha es abundante. Pero la vida en un suelo arado suelta más nutrientes que los que las plantas pueden usar y la fertilidad no aprovechada es lavada por las lluvias. Al año siguiente la labranza quema más materia orgánica, de nuevo soltando un exceso de fertilidad  que vuelve a ser lavado. Después de unas temporadas el suelo está vacío. El humus se ha ido, los minerales se han utilizado y la vida del suelo artificialmente estimulada se ha empobrecido. Ahora es cuando el jardinero tiene que renovar el suelo con fardos de materia orgánica, fertilizantes y mucho trabajo.

La labranza suelta más nutrientes de los que pueden ser aprovechados por las plantas. Además, el continuo golpeteo mecánico destruye la estructura del suelo, especialmente cuando se penetra en suelos muy húmedos (y como todos estamos deseando sembrar nuestras semillas, esto ocurre muy frecuentemente). Una labranza frecuente convierte los grumos de un suelo margoso en polvo y compacta los terrones arcillosos en dura costra. Y una sesión de arado consume más calorias  de energía que la producida en los alimentos cosechados en una temporada. Esto no es un acuerdo sostenible.

Es mejor dejar que el humus esponje tus suelos naturalmente y usar acolchados para aplacar las malas hierbas y renovar nutrientes. En lugar de soltar de golpe toda la fertilidad, a ritmo mecánico, podemos permitir que hagan ese trabajo las raíces de las plantas. Raíces exploradoras romperán los terrones de tierra a su debido tiempo, abriendo el suelo a la colonización microbiana, soltando los nutrientes a su ritmo adecuado. De nuevo, la Naturaleza es mejor una compañera que una esclava."




Si hacemos caso al amigo Toby Hemenway, la respuesta es clara: todo puede hacerse sin labranza. Realmente, aramos porque las plantas que cultivamos son pioneras en la secuencia de la sucesión ecológica, prosperan en terrenos donde no hay competencia y la tierra está suelta, con mucha luz... y aramos para sacar su fertilidad. Así contado, parece que el suelo fuera "violado" para arrancar su esencia más pura.

De Carmen he leído muchas veces cómo se puede plantar en suelos ricos sin arar, utilizando un pincho para ahuecar la tierra y es lo que he hecho. También veo en Facebook el trabajo de otra gente que simplemente se dedica a acolchar a lo bestia en otoño para que se forme un buen mantillo, he leído de uno que, mediante este sistema de acolchado, tiene el suelo tan esponjoso que puede meter la mano hasta el codo. Sin duda ese es un suelo donde las plantas pueden prosperar, y acolchar lleva menos trabajo que arar.

Así que vamos a ver que pasa, haciéndolo así. He acotado con pacas de paja un espacio dónde voy a hacer un experimento de varios años, a ver qué va pasando en el suelo cuando se le añaden capas y capas de acolchado a lo largo del tiempo.


Mi tesoro

Un vecino me ha vendido unas pacas de paja y me las ha llevado hasta el "bosque".


Comienzo a bordear el espacio

He sembrado ajos mediante la técnica del pincho pero en tres maneras distintas. En la primera (A) he quitado con la azada la capa de hierba superficial que es bastante dura, la segué este verano.

Prueba A: Sin capa de hierba, ajos plantados con pincho

En la segunda (B), he colocado encima de la capa de hierba todo lo arrancando de (A) y después he puesto un cartón. Se pincha el cartón, atravesándolo hasta meter la varilla bien en la tierra y se deposita un ajo en cada agujero. Hay que tener cuidado de que la punta del ajo quede mirando hasta el exterior para que cuando el ajo comience a crecer y pueda encontrar la salida hacia la luz. Si crece por debajo del cartón, dalo por perdido.

Pueba B: Se coloca cartón encima y se agujerea con pincho la tierra


Y en la tercera manera (C) se agujerea directamente la cubierta herbácea y se coloca un ajo dentro. En los tres casos he usado ajo morado (comprado en tienda) y ajo blanco del lugar.


Prueba C: Directamente sin desherbar y sin cartón, se hace el agujero en la tierra


A, B y C juntos, hasta el guante

Después se cubre todo generosamente con paja. Hay una parte libre en la que plantaré a final del invierno probablemente garbanzos y alguna otra cosa al principio del verano. Aun no lo sé, veremos.


Se tapa todo bien con paja. Hasta la varilla están los ajos.
El resto está libre, pondré alguna leguminosa en primavera.

Para acabar dejo este enlace del que me sorprendió su punto de vista. Si el trigo tuviera ego estaría muy contento pensando como tiene a miles de millones de personas trabajando para él, poniendo un montón de recursos planetarios para su beneficio y expansión. Como el trigo domesticó al ser humano.

Me interesa mucho aprender a cultivar sin dañar la fertilidad de la tierra. Las experiencias de Mavi en su huerta de Pastrana nos hablan de que es posible cultivar, manteniendo suelos ricos que no se empobrecen año tras año. Hay que intentarlo.

Actualización del 30/07/2016: Los resultados del experimento aquí.







martes, 4 de agosto de 2015

El quid de la cuestión: La sucesión ecológica


El aprendizaje nunca es lineal. En todas las cosas que me he propuesto aprender en mi vida he visto como se alternan periodos de estancamiento en los que parece que no avanzamos, con momentos de saltos en los que nos sorprendemos a nosotros mismos con nuevas capacidades o comprensiones que, como pequeñas conquistas, quedan en nosotros. Algo así creo que me ha pasado con este bosque de alimentos. Mi entrada Capricho de castañas fue "duramente" (pero con cariño) criticada por Mavi, quien pronosticó que el pequeño castaño de un año recién trasplantado no tenía muchas posibilidades por no haber respetado la sucesión ecológica.

Mavi escribió esta entrada, en el curso de Una suerte de tierra se habló de la sucesión y de repente, empezaron a ordenarse cosas en mi cabeza a la velocidad del rayo y me pareció conseguir la compresión de algo que en todo este tiempo se me había escapado. Yo ya era consciente de que no sabía cómo conseguir introducir esos niveles (cubierta, sotobosque, trepadoras, herbáceas, arbustivas, raíz) que Geoff Lawton cuenta que hay en un bosque, en este lugar donde de momento sólo hay una pradera. Había plantado unos frutales, había sembrado unos ajos y garbanzos en las zanjas junto a ellos pero se veía que eso era el primo lejano y pobre del bosque de alimentos.

Si queremos copiar a la Naturaleza para producir comida, también tenemos que copiar sus procesos, porque es su manera y ya sabemos qué pasa cuando se nada a contracorriente: cualquier movimiento lleva más esfuerzo y a veces te tienes que parar a medio camino exhausto. La Naturaleza tiene una autopista para ir desde la tierra desnuda hasta un bosque en su clímax y es mucho mejor pagar sus peajes porque nos llevará mucho más lejos con el menor esfuerzo.





En el libro de Toby Hemenway "Gaia's Garden" -que sigo leyendo y es una mina de información- viene maravillosamente explicado lo que es la sucesión ecológica y creo que la traducción merece la pena:

"Cuando las plantas colonizan por primera vez la tierra desnuda -por ejemplo, una granja abandonada- comienza una secuencia. Algunos tipos de hierbas anuales, gramas y flores son la primera flora en llegar, y debido a su inclinación por la colonización rápida, son llamadas plantas pioneras. Están bien adaptadas para invadir suelo desnudo o removido, y para cubrir el vacío de flora y reverdecerlo. Las plantas pioneras llenan el vacío vegetal y reinician los ciclos de la vida. Nosotros conocemos a esa horda de rápidas colonizadoras mayormente como maleza: grama, diente de león, acedera, llantén, achicoria, lechuga salvaje y muchas más. Campos abandonados y tierra suelta son su ambiente, donde tienen un trabajo que hacer: proteger el suelo contra las lluvias erosivas y transportar nutrientes desde lo más profundo del suelo hasta la superficie, donde puedan ser usados. Estas pioneras veloces y efímeras preservan y devuelven la fertilidad del suelo descubierto.

Si esta maleza fuera dejada en paz, en una pocas temporadas las breves y tempranas anuales se verían rodeadas y ensombrecidas por el grupo de las vivaces que son más altas. En la mitad norte de USA estas plantas incluyen margaritas, Chamerion angustifolium, vara de oro, euphorbia, hierbas vivaces y otras muchas. El denso follaje, los tallos ramificados y las muchas texturas de la alta maleza ofrecen más nichos a los insectos y pájaros para protegerse, criar y alimentarse. La cantidad de materia viva, llamada biomasa, aumenta cuando los nutrientes de la luz son recogidos y transformados en tallos firmes, follaje fuerte y semillas duras, que llegado el momento se convertirán en comida para insectos y otros animales. La vida está andamiando su camino hacia un nuevo territorio.

La secuencia desde la tierra desnuda a la pequeña maleza anual, llegando hasta las altas vivaces es llamada sucesión. Si se le permite continuar, de cinco a quince años el campo de maleza estará poblado por arbustos. Con lluvia suficiente y fertilidad, en dos o más décadas los arbustos dejarán paso a un bosque joven. Allí donde haya suficiente agua, la sucesión conducirá inexorablemente hacia un bosque.

Aunque la sucesión es un impulso casi irresistible, no es fluidamente lineal. En cualquier etapa, el fuego, el viento, el rayo, el arado o cualquier otra perturbación puede volverlo a una etapa más temprana. La mayor parte de los paisajes son un mosaico de muchas etapas sucesivas, en muchas escalas. Incluso en ecosistemas maduros en estados más avanzados de la sucesión, especies de todas las clases merodean en los márgenes. Las perturbaciones que oscilan entre un catastrófico incendio y la caída de un simple árbol, dejan que las pioneras o arbustos de estadios intermedios de la sucesión regresen, resultando un paisaje parcheado de varias etapas y años.

Y ¿cómo se relaciona esto con la jardinería? Los jardines convencionales copian ecosistemas inmaduros. Normalmente, dominan plantas de estadios tempranos de la sucesión. La mayor parte de las herbáceas, flores y especialmente vegetales anuales son plantas pioneras. Esto significa que en nuestro amor por los céspedes y los jardines ordenados, estamos intentando mantener nuestros terrenos en una etapa temprana de la sucesión ecológica. La tierra desnuda y el suelo removido en una huerta o en arbustos cultivados son como una sirena para las malas hierbas, que cubren con entusiasmo el suelo descubierto, extraen los nutrientes del suelo mineral y las rocas subyacentes y preparan el lugar para un ecosistema más maduro como un matorral o un bosque. Una extensión de hierba bien regada está pidiendo a gritos, dentro del esquema de la naturaleza, una guerra relámpago de plantones y arbustos o, en último caso, un máximo en diversidad a través de la rápida maleza anual.


La agricultura es antinatura. Pretende parar la sucesión como sea
 en sus primeras etapas.

Podemos usar nuestro conocimiento de la sucesión para ayudarnos a solucionar nuestros problemas en el huerto. La mayor parte de la maleza está compuesta por plantas pioneras, que prosperan con las perturbaciones, la luz del Sol y suelos pobremente desarrollados. Sólo abandonando la técnica de arar mis problemas con la maleza se redujeron considerablemente, ya que las semillas dependientes de las perturbaciones -y la luz solar- se pudren en el suelo en lugar de ser catapultadas al crecimiento por la luz y el cultivo. Una capa de acolchado a menudo bloqueará por razones similares que estas semillas germinen."

Y más adelante continúa:

"Un campo es un sistema dinámico, no una naturaleza muerta inamovible. Contemplando nuestras tierras como ecosistemas dinámicos, más que como una colección de estáticos objetos inertes, podremos crear jardines que crezcan naturalmente con una directriz y diseño sano. Esta perspectiva deja que pasemos mucho del trabajo de mantenimiento de nuestros jardines a la Naturaleza.

Desde este punto de vista, podremos preguntarnos ¿qué tipo de ecosistemas contienen la mayoría de los jardines? La respuesta nos dice por qué el trabajo de mantenimiento de los jardines es tan tedioso e interminable. Un césped bordeado de flores es el primo ecológico de la pradera. La otra gran disposición encontrada en las zonas residenciales, el arquetípico césped moteado aquí y allá de árboles y arbustos copia a la sabana. (Me pregunto por los sueños prehistóricos que nos mueven cuando creamos estos ecosistemas que copian aquellos de la infancia de nuestra especie en las planicies de África).


La pradera y la sabana prosperan naturalmente sólo bajo ciertas circunstancias medioambientales. Estas incluyen bajas precipitaciones, intenso pastoreo animal y fuegos frecuentes. Ya que pocos habitantes de las zonas residenciales fomentan la tierra seca, rebaños de bisontes y fuegos incontrolados en sus jardines, las condiciones de la mayor parte de los céspedes no favorecen las sabanas ni las praderas. Entonces, ¿qué pasa con estos fragmentos de infelices ecosistemas? Una sabana o una pradera que no arde, que se mantiene bien fertilizada y es bañada bajo el siseo de los aspersores está siendo empujada a madurar hacia un matorral y más tarde a un bosque. Esta es la sucesión ecológica, omnipresente e implacable.

La maleza en nuestros céspedes y los plantones de arce en nuestros parterres de flores son testimonios del poder de la sucesión. Contemplado bajo un prisma ecológico, el clásico jardín sólo quiere madurar. Comprender esto permitirá que nos aliemos con esa considerable fuerza de la naturaleza, en lugar de pelearnos con ella.


Un ecosistema inmaduro como pueda ser un césped pide que gastemos tiempo y energía y materiales para dar para atrás a las manecillas del reloj ecológico, deteniéndolo en la fase de pradera, cortando el césped y limpiando la maleza. Aún así la naturaleza -y nuestros sistemas de irrigación y fertilizantes- inexorablemente moverán el reloj otro tictac, germinando semillas y retoños, inundándonos con su fecundidad. Con el aspersor y los fertilizantes estamos apretando el acelerador, y después arando y podando estamos echando el freno. Ningún sistema puede ir bien con tal regimen esquizofrénico."



Un bosque maduro tarda 100 años en formarse


Ahora me ha dado por observar las diferentes etapas de la sucesión en estas tierras. Hace tiempo que no hay bosques pero los signos de la sucesión son evidentes.

Esta terraza llevará unos 14 años sin ser arada.

Después de las pioneras que son las que cubren la tierra descubierta aparecen siempre las herbáceas pero poco a poco la fase arbustiva dominada en estas tierras por la aulaga y el escobizo empiezan a hacerse hueco expulsándolas. En las primeras fases, árboles que algún día podrán ser de cubierta -como es el nogal- se comportan como si fueran arbustos. Pero no todos los árboles de cubierta pueden aguantar el sol directo en sus primeros años de vida, por ello, algunos para prosperar necesitarán la sombra de otros árboles más pioneros hasta que puedan ocupar su lugar de imponentes reyes del bosque. En nuestro caso, el nogal es un todo terreno, aparece espontáneamente en muchos lugares y crece mucho más rápido que los árboles del bosque titular que son los quejigos.

Esta ladera orientada al este no habrá sido nunca arada pero sin duda ha habido rebaños que la mantenían pelada.
A estos quejigos los he visto pasar de tamaño arbusto a árbol joven. 

En las zonas más húmedas para la fase arbustiva predomina el escobizo, en las más secas el tomillo y el cardo corredor, y la poderosa aulaga ocupa todos los lugares. El tomillo y las herbáceas nunca comparten espacios.

Más tarde el espino blanco y el rosal silvestre van ganando altura para el ecosistema. Y finalmente el quejigo, lento pero seguro será el bosque titular de la zona.

Tal vez os estéis preguntando qué habrá pasado con el castaño. Después de leer que no tenía mucho futuro, decidí cuidarlo como si no hubiera leído nada, pero Mavi como oráculo no tiene precio, con el fuerte calor de esta primavera se secaron sus tiernas hojas recién brotadas.


Este árbol no es un pionero y necesita sombra en sus primeros años.

Se secó la vara principal pero parece que tiene ganas de vivir.

Le he colocado una sombra y me he dado cuenta de que a un par de metros
lo podía haber plantado a la sombra de un rosal silvestre.

Es curioso como las cuestiones culturales nos condicionan. A dos metros había un sitio estupendo en tierras comunales para plantar el castaño bajo la sombra de un rosal silvestre, que le dará sombra durante muchos años sin que me tenga que preocupar de hacer crecer la malla de ocultación que le he puesto, sin pensar que se la va a llevar el viento o romper. Pero como no tengo escrituras de ese sitio... ni me lo plantee como sitio viable.


Así estaba este último fin de semana, muy guapito y contento con su sombra.
Tiene acolchado de cartón y paja encima
y dentro de la zanja se mantiene la humedad del suelo perfectamente.

Todo esto me va a hacer cambiar mi manera de actuar. Habrá más zanjas pero las llenaré de arbustos y árboles pioneros que irán abriendo el hueco para otro tipo de árboles como puedan ser los frutales. Y llevará su tiempo, la sucesión lo necesita, y mi labor será ayudar a que vaya más rápido, pero no me saltaré ni un paso. La variada plantación del seto cortavientos está siendo una buena prueba para saber qué árboles aguantan bien las duras condiciones de inicio y se comportan como pioneros. Ya os lo contaré al final del verano. La verdad es que está siendo un aprendizaje fascinante.







domingo, 12 de abril de 2015

¿Qué es la permacultura?

Llevaba tiempo dándole vueltas a una entrada dedicada en exclusiva a explicarme qué es la permacultura. Y siempre llegaba a los principios qué hay que seguir. Algunos ya me los había ido aprendiendo de tanto buscar en internet: observar, aprender de los errores, la redundancia de las funciones vitales, que en en el fondo son cosas de sentido común.

Buscando información sobre la redundancia, encontré esta entrada y pensé que para qué estrujarse en cerebro buscando maneras de explicar la permacultura, con lo bien explicado que estaba ahí. Era una traducción del libro Gaia's Garden de Toby Hemenway, del que ya le había oído hablar a mi compi permacultora Lucía y del que se leen maravillas en internet. Así que me lo he comprado y espero aprender muchas cosas de él.



Y aquí mi traducción, si alguien encuentra algún error, soy toda oídos.


 "¿Que es la permacultura? por Toby Hemenway

Menciono a menudo en este libro el diseño permacultural y ecológico, dos aspectos íntimamente relacionados sobre los que se basan muchas de las ideas contenidas en él. Ya que permacultura puede ser una palabra poco familiar para algunos lectores, tengo que dar algunas explicaciones.

La permacultura usa un conjunto de principios y prácticas para diseñar asentamientos humanos sostenibles. Esta palabra, una contracción tanto de "cultura permanente" como de "agricultura permanente", fue acuñada por dos australianos. El primero fue Bill Mollison, una persona carismática e iconoclasta única, silvicultor, maestro de escuela, vagabundo, naturalista y autor de la densa y enciclopédica biblia de este campo, Permacultura: Un manual del diseñador. El otro es David Holmgrem, uno de los primeros estudiantes de Bill Mollison, quien ha ampliado brillantemente el alcance de la permacultura.

Mollison cuenta que la idea original de la permacultura le llegó en 1959 cuando estaba observando marsupiales explorando los bosques húmedos de Tasmania. Inspirado y sobrecogido por la abundancia dadora de vida y rica interconexión de ese ecosistema, anotó en su diario: "Creo que podríamos crear sistemas que funcionaran tan bien como lo hace éste". En los 70, él y Holmgren, usando lo que habían observado en la naturaleza y en las culturas indígenas, comenzaron a identificar los principios que hacen a esos ecosistemas tan ricos y sostenibles. Su esperanza era aplicar estos principios al diseño de paisajes ecológicamente sólídos y productivos. Razonaban que si la vida ha estado prosperando en la Tierra desde hace más de 3 millones de años, si los indígenas han estado viviendo de una manera relativamente armoniosa en sus entornos durante milenios, entonces la vida y las culturas indígenas tienen que haber llegado a comprender algo sobre sostenibilidad. La tesis de graduación de David, que Bill y él revisaron y ampliaron, se convirtió en el revolucionario libro Permacultura uno.

La permacultura empezó entonces como un conjunto de herramientas para diseñar paisajes que son modelados siguiendo a la naturaleza, que incluso incluye a los humanos, y este libro -ahora que ya hemos resuelto la definición de permacultura- se enfocará en su aspecto de diseño de paisajes. Pero Mollison, Holmgren y todos los que vinieron detrás rápidamente se dieron cuenta de que incluso si aprendemos a diseñar granjas, jardines y paisajes que copian a la naturaleza, un uso sostenible de la tierra que está encastrado en una sociedad no sostenible, no evitará que nuestra permanencia en este planeta sea de escasez o de empobrecimiento creciente, o de ambos. Sin embargo, resulta que los principios de la permacultura -al estar basados en la sabiduría de la naturaleza- tienen un alcance impresionante, más allá de sus orígenes basados en la agricultura. La permacultura ha sido usada para diseñar edificios, sistemas de energía o de aguas residuales, pueblos e incluso estructuras tan poco tangibles como planes de estudios, negocios, grupos comunitarios y procesos de toma de decisiones.

¿Cómo consigue esto la permacultura? Aunque a un nivel los practicantes de la permacultura diseñan con organismos, edificios y eso no tan tangible que llamamos estructuras invisibles, el enfoque está menos sobre los propios objetos que sobre un cuidadoso diseño de las relaciones entre ellos -interconexiones- que crearán un todo sano y sostenible. Estas relaciones son las que convierten un grupo de partes aisladas en un sistema funcionando, da igual si se trata de un patio trasero, una comunidad o un ecosistema.

Si esto aun pareciera algo teórico, aquí tenemos una definición más pegada a la tierra de la permacultura. Si pensamos en prácticas como la jardinería, el reciclado, la construcción natural, las energías renovables e incluso la toma de decisiones mediante consenso y los esfuerzos en justicia social como herramientas para la sostenibilidad, entonces la permacultura es la caja de herramientas que nos ayuda a organizar y decidir cuándo y cómo usar esas herramientas. La permacultura no es una disciplina en sí misma sino más bien un enfoque de diseño basado en conectar diferentes disciplinas, estrategias y técnicas. Usa y aglutina, al igual que la naturaleza, todo lo que esté disponible. Algunas personas sin experiencia en este enfoque ven la permacultura como un conjunto de técnicas. Aunque haya ciertos métodos que son usados a menudo porque ilustran los principios de la permacultura bellamente, tales como espirales de plantas y bancales de cerradura (que verás en las próximas páginas), hay pocas, si es que alguna, que pertenezcan exclusivamente a la permacultura. Los permacultures emplean técnicas de una amplia variedad de disciplinas, pero estas herramientas están seleccionadas y aplicadas según cómo de bien permitan que los principios de la permacultura sean aplicados, no porque un método en particular sea "como lo hacemos en la permacultura".

En una cultura enfocada más bien en las partes más que en las conexiones, el énfasis de la permacultura en las conexiones más que en las "cosas" puede hacer que sea dificil de explicar. Algunos principiantes permacultores abogan de manera irritante por varias prácticas sostenibles diciendo: "la permacultura incluye el cultivo orgánico (o la energía solar o la bioconstrucción)". Pero mejor que absorber estos principios o considerarlos como una parte (más pequeña por tanto), la permacultura nos muestra dónde y cómo aplicar estas importantes ideas. Es una ciencia de enlace.

El objetivo de la permacultura es diseñar comunidades humanas ecológicamente sólidas y económicamente prósperas. Está guiada por un conjunto de éticas: cuidado de la Tierra, cuidado de las personas y la reinversión del extra que este cuidado creará. De estas éticas parten unas guías de diseño o principios, descritos en muchas partes y con algunas ligeras variaciones. La lista de abajo es la versión que yo uso, compilada gracias a la ayuda de muchos profesores de permacultura y que fluye del trabajo de Mollison, Holmgren y sus coautores.

Principios de la permacultura

A. Principios básicos para un diseño ecológico

1. Observa.
Usa una observación mantenida y atenta más que una acción prolongada e irreflexiva. Observa el lugar y sus elementos en todas las estaciones. Diseña para lugares, clientes y culturas específicas.

2. Conecta.
Usa una ubicación conectada, esto es, coloca los elementos de tu diseño de tal manera que se creen relaciones útiles y conexiones que ahorren tiempo entre las partes. Es el número de conexiones entre los elementos el que crea un ecosistema diverso y sano, no el número de elementos.

3. Capta y almacena energía y materiales.
Identifica, acumula y manten flujos útiles. Cada ciclo es una oportunidad a aprovechar, cada gradiente (en pendiente, carga, temperatura y similares) puede producir energía. Reinvertir los recursos aumenta capacidad para capturar aún más recursos.

4. Cada elemento realiza múltiples funciones.
Escoge y coloca cada elemento de manera que realice tantas funciones como sea posible. Las conexiones beneficiosas entre diversos componentes crea un todo estable. Junta elementos tanto en el espacio como en el tiempo.

5. Cada función es apoyada por varios elementos.
Usa múltiples métodos para conseguir funciones importantes y crear sinergias. La redundancia protege cuando uno o más elementos fallan.

6. Haz que un cambio mínimo tenga un efecto máximo.
Comprende el sistema en el que trabajas tan bien que te permita encontrar puntos "palanca" y actúa sobre ellos, donde el menor esfuerzo consigue el máximo cambio.

7. Usa sistemas pequeños e intensivos.
Comienza en la puerta de tu casa con el más pequeño de los sistemas, eso bastará y en él se basarán tus éxitos. Crece "a trozos" - esto es, desarrolla un pequeño sistema o disposición que funciona bien- y repítelo con variaciones.

8. Optimiza los bordes.
El borde -la intersección entre dos ambientes- es el lugar de mayor diversidad de un sistema y es donde la energía y los materiales se acumulan o son transportados. Incrementa o disminuye el borde según sea apropiado.

9. Colabora con la sucesión.
Los sistemas vivos  normalmente se desarroll

an desde la inmadurez a la madurez, y si aceptamos esta tendencia y nos alineamos con ella en nuestros diseños en lugar de pelearnos con ella, ahorraremos tiempo y dinero. Los ecosistemas maduros son más diversos y productivos que los ecosistemas jóvenes.

10. Usa recursos biológicos y renovables.
Los recursos renovables (normalmente seres vivos y sus productos) se reproducen y crecen con el tiempo, acumulan energía, producen redimiento e interactuan con otros elementos. Favorécelos sobre los recursos no renovables.


B. Principios basados en actitudes

11. Convierte los problemas en soluciones.
Las restricciones pueden inspirar un diseño creativo y la mayor parte de los problemas no solo llevan las semillas de su propia solución dentro de sí mismos sino tan bien la inspiración para resolver simultaneamente otros problemas. "Somos confrontados con insuperables oportunidades" Atribuido a Pogo (Walt Kelly).

12. Consigue un rendimiento.
Diseña para conseguir un pago a tus esfuerzos tanto a corto como a largo plazo: "No puedes trabajar con un estómago vacío". Ajusta circuitos de realimentación positiva al construir tu sistema que devuelvan tu inversión.

13. El mayor límite a la abundancia es la creatividad.
La imaginación y capacidad del diseñador normalmente limitan la productividad y la diversidad antes de que los límites físicos se hayan alcanzado.

14. Los errores son las herramientas del aprendizaje.
Evalúa tus intentos. Cometer errores es una señal de que estás intentando hacer las cosas mejor. Normalmente los errores tienen poca consecuencia, si aprendes de ellos.

¿Cómo usaremos estos principios? Según vayas leyendo este libro, verás docenas de ejemplos sobre cómo ponerlos en práctica. El profesor y diseñador de permacultura Larry Santoyo llama a estos principios "indicadores de sostenibilidad". Cualquier diseño, tanto si es un jardín, una casa o una corporación no productiva, que usa estos principios será más eficiente, eficaz y ecológicamente equilibrada que otra que los viole. Úsalos para guiar tus decisiones y, mientras vas creando tu jardín, intenta aplicarlos en tantos sitios como puedas. Presta especial atención a las situaciones donde no se sigan estos principios, ya que estos serán los lugares que consumirán mayor trabajo y provocarán el mayor daño medioambiental.

Los principios tienen también profundas y sorprendentes interconexiones entre ellos. Una parte del diseño que se esfuerza en ser multifuncional acabará a menudo siguiendo los principios de "usar recursos biológicos" y "hacer el mínimo cambio para tener el máximo efecto". Cuando ocurren este tipo de sinergias es que estamos en el buen camino.

La permacultura, por tanto, es mucho más que jardinería. Pero ya que la permacultura esta basada en la sabiduría del mundo natural, mucha gente llega primero a ella a través de su amor por las plantas y la jardinería. Intentaré en este libro limitar el alcance de la permacultura al paisaje doméstico."
  

A partir de ahora, todas las cosas que haga, las haré teniendo en cuenta estos principios.


Si nuestra sociedad y los seres humanos nos guiáramos por estos principios, no querríamos ir al cielo... estaríamos en él.
  
Me suele gustar leer el final de los libros antes de terminarlos. Suelen acabar de una manera poética para dejar buen sabor de boca. Así acaba este libro:


La mejor manera de aprender, sin embargo, es simplemente echar una mirada al mundo natural, remangarnos y comenzar a crear un jardín que nos abastecerá a nosotros y a muchos de los otros los seres con los que vivimos.

¡Manos a tierra!