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jueves, 9 de agosto de 2018

El desastre tras la tormenta


Cuando hice el curso de diseño de permacultura (PDC para los amigos) uno de los múltiples trabajos que nos pidieron era que le diéramos una pensada a las catástrofes naturales que podríamos llegar a sufrir en nuestra zona, porque un buen diseño siempre deberá tener en cuenta el máximo de adversidad posible, para así, cuando esta llegue, porque siempre llega, estemos preparados nosotros y nuestro sistema y así los daños sean los mínimos y también lo más llevaderos posible.

Era un curso online impartido por Andrew Millison y organizado por la Universidad de Oregon y éramos gente de muchas partes diferentes del mundo. Cuando presentábamos los trabajos, estos no solo eran vistos por el equipo docente, sino que todo el grupo podía ver lo que cada uno presentaba. Ver los trabajos de los demás me hizo pensar en la suerte que tengo de vivir en esta parte del mundo donde las probabilidades de tener un tsunami a 850 metros de altura sobre el nivel del mar son prácticamente remotas, bueno, rozando lo imposible... porque si esto ocurriera, sería una catástrofe de tal alcance planetario que ya daría igual todo lo demás. Pero, por ejemplo, no hay riesgo de terremotos que era algo que a mis compañeros de la costa oeste de USA les preocupaba mucho y lo sentían como algo bastante probable.

Después de pensar un poco, yo indiqué el riesgo de que una nevada dejara el pueblo aislado unos días, cosa que se soluciona fácilmente teniendo una despensa bien provista y leña. También de sequía prolongada, pero con eso me estoy siempre peleando y lo tenía claro, almacenamiento de agua dentro y fuera del suelo y no plantar más de lo que se pueda regar y alimentar los suelos para que sean ricos y esponjosos, con una buena capacidad de retención de todo el agua que caiga. Fuertes vientos, para los que ya tengo cortavientos y hugel en marcha... Y descarté las inundaciones destructivas porque esto es cabecera de río y, además, estando yo en un alto pues mucho menos peligro. Grave error.

El 8 de julio del 2018, hace algo más de un mes, se oscureció el cielo y cayó una soberana tromba de agua y granizo. Ya habían caído 30 litros de agua hacía unas pocas horas, y a eso se sumaron 60 l que cayeron en poco menos de 45 minutos. Yo estaba dentro de la caravana y pensaba que la tormenta la iba a romper.

Después salimos todos a ver la crecida, el río había inundado huertas y caminos, llevado piedras de los márgenes, movido terraplenes. Impresiona la fuerza de la Naturaleza, incluso para nosotros que estamos tan alejados de ella y que con dar a un botón o mover una palanca, estamos acostumbrados a hacer magia energética todos los días. Pero en esta entrada os voy a contar lo que ocurrió en la parte alta, en mis territorios. Las fotos son de tres semanas más tarde.

Tromba de agua y adiós suelo fértil

El problema vino de la gran finca que tengo encima. Este año está plantada con girasol y entre el generoso marco de plantación del girasol y los herbicidas que echan a la tierra para que no tenga competencia... dejan el suelo desnudo y el agua cayó y cayó y formó una riada de lodo que llevó muchas cosas por delante.

Se formó un río por las terrazas de la finquita vecina por la que tengo el acceso a la mía



Detalle de la erosión en el pequeño talud

Vista desde arriba.
La finca de abajo ha ganado suelo.
Vista desde abajo. Esta foto es del día de después.

Aunque toda la finca debió estar chorreando lodo por todos sus lindes (que en parte ha sido recogido por mis terrazas) la peor parte se la ha llevado el vallejo donde ya tenía unas cuantas zanjas en marcha con plantaciones forestales. Se rompieron dos taludes y el río de lodo y piedras que se formó fue interesante. Podía haber sido peor, pues sí, pero para empezar se han colmatado las zanjas y enterrado muchos arbolitos que eran todavía pequeños.

El río formado desbordó la finca en un punto y se creo una catarata que rompió un talud, bajó por una pequeña terraza un nivel superior al vallejo y formó otra catarata en el talud superior del vallejo y corrió por todo él hasta desaguar en el siguiente nivel. Ahí estuvo a punto de hacer otro destrozo y llevarse el talud, las grietas que se aprecian son profundas, pero la capacidad de retención de agua de la vegetación de mi vallejo y mis pequeñas zanjas seguro que ayudaron a que no se fuera todo hacía las fincas del valle como en las fotos anteriores. No soy una buena fotógrafa, pero espero que os podáis hacer una idea de la que tengo montada.

En esta foto se puede ver el talud del vallejo destrozado y si os fijáis un poco más arriba el otro talud abierto.
Detalle del destrozo en el talud de arriba. Se aprecian bien los estratos del suelo
La riada siguió por la terraza de arriba
Y cayó por el talud del vallejo que también rompió.
Se formaron profundas cárcavas.
El primer depósito paró las piedras y fue movido y ahora no recoge agua adecuadamente.
La primera zanja totalmente colmatada y con el acolchado movido 
La segunda zanja y la tercera zanja que se encuentra a continuación del depósito también rellenas por el lodo.
En el lateral otra zanja por la que corrió el agua con fuerza.

La zanja lateral está pensada para ser un cortavientos comestible en el vallejo. Bastante estrecha, dentro de ella había plantada una secuencia densa de arboles altos y arbustos. Estas son las especies de cada secuencia: pino piñonero - chopo - madroño - chopo - nogal - chopo - morera - chopo - pino piñonero. La zanja se sitúa en el cambio entre la ladera de umbría y el vallejo. Ya tenía plantadas dos repeticiones de esa secuencia. Probablemente, hasta el final del vallejo haya espacio para cuatro.

Una entrada sobre esta zanja lateral estaba empezada pero ahí se quedó sin hacer. En general, todo iba bien, menos los madroños que se habían helado en los dos inviernos consecutivos que los he plantado y la morera que no aguantaba bien el verano (probaré a plantarlas algo más grandes en el futuro). Pero los pinos, nogales, chopos, guisante siberiano iban bien. Lentos pero seguros.

De los chopos tengo que hacer mención especial. Es una especie que voy a utilizar mucho en el futuro. Los arranco con algo de raíz en verano de las cunetas donde no van a poder prosperar. Son pequeños, los meto en tiestos que mantengo con la tierra húmeda y TODOS prenden. Al invierno siguiente los planto en tierra y todos van bien. La idea de ese cortavientos es no dejarlos crecer a lo alto y mantenerlos a una cierta altura. Ellos rebrotan muy bien.

Ahora me planteo si la que creía que era una de mis mejores ocurrencias, la de plantar los árboles dentro de las zanjas, es realmente tan buena. Es el mejor sitio para que no sufran tanto los rigores del seco verano, pero cuando ocurren cosas de estas, te das cuenta de que, y especialmente en esta zanja que va de arriba a abajo, tal vez es una idea muy poco afortunada. Y más cuando los árboles son todavía pequeños. Sospecho que algunos de ellos han sido arrastrados y a saber dónde están.

Un guisante siberiano (Caragana arborescens) plantado dentro de la zanja lateral con la raíz lavada y pelado.
Creo que sigue vivo.

Otro chopo dentro de la pequeña zanja lateral. Aguantó bien el embiste.
El chopo y el nogal son los grandes supervivientes de la zanja lateral.
Buscando a un pequeño pino piñonero, ya no está.

Vista general del vallejo

Al final del vallejo se acumuló mucho lodo. Sería un buen sitio para un estanque estacional.

Aunque ahora el talud que lo sujetaría está muy tocado y con grandes grietas
Segunda zanja colmatada

Estoy segura de que si la finca de arriba hubiera tenido al menos un herbazal sano y sin labrar, los daños habrían sido mucho menores. Habría sido capaz de absorber mucha más agua. La catarata no habría sido tan tremenda, la erosión habría sido mucho menor. Y si tuvieran una dehesa y yo unos taludes poblados de árboles, ni nos habríamos enterado. Pero no seré yo la que les pida a los dueños que cambien sus procedimientos, aunque sí que les voy a intentar hacer ver que como vengan muchas de estas, se van a quedar sin suelo y que me lo van a echar a mí encima. Estoy segura de que la realidad, que suele ser muy terca, nos hará cambiar los usos de la desastrosa agricultura industrial, pero mientras ese cambio ocurre, yo tendré que protegerme.

Tengo que poblar esos taludes y volver a colocar esas piedras en las cárcavas. Se me ocurre pino laricio (tengo una bandeja entera a la espera) y el versátil chopo, que crece bastante rápido y aguanta bien las embestidas del agua para los taludes rotos. Lo voy a usar en un sitio un poco raro para él, pues se trata de un árbol de ribera, pero le veo con la fuerza del árbol pionero que es. Y luego alrededor de la finca laricio, chopo, encina, serbal, guisante siberiano, madroño. Debería crear un buen seto de contención, sería lo ideal. Pero sé que eso tardará años en formarse. Estas tierras son austeras, los veranos suelen ser secos y los inviernos fríos y duros, el agua para regar es la justa. Todo tarda en hacerse. El seto que planté hace tres años va poco a poco. Algún día sé que pegará un estirón, pero las cosas no son de hoy para mañana. Solo espero que esta tormenta tarde mucho en repetirse, aunque sospecho que estos episodios extremos van a empezar a ser más habituales.

Ahora estaba más centrada en la era y estaba dejando que las plantaciones del vallejo siguieran su curso. Hay que volver aquí. Cinco de las seis zanjas están colmatadas, a ver qué pasa con muchos de los arbolitos que ahora están enterrados. Volvemos a empezar, con más conocimiento de lo que tiene que hacerse y también sabiendo mejor los limitados recursos de los que dispongo. No hay nada como ponerse a la faena para saber hasta dónde se puede llegar.

Me ilusiono fácilmente y creo que todo es posible. Y lo es, pero tal vez no en mi escala temporal. La frustración y las decepciones con las que muchas veces tengo que lidiar en la vida (como todos) no me paran fácilmente. Y detrás de este proyecto hay una buena razón que va más allá de mí misma, porque igualmente todo lo plantado no lo iba a ver ni a disfrutar en su fase adulta. Pero ahora estoy desbordada por todo lo que tengo que hacer, que entiendo me supera. Yo seguiré haciendo, poco a poco, porque no doy para más, y siempre que pueda lo seguiré contando... porque espero que alguien también pueda beneficiarse de mis errores y fracasos.

Y para acabar esta entrada de manera positiva... He ganado el suelo fértil que el de arriba ya no tiene. Y no todo está perdido.

El chute de agua y nutrientes han hecho crecer al quejigo en agosto
El guisante siberiano en su zanja colmatada también ha pegado un estirón y las hojas nuevas han nacido más grandes de lo habitual.








domingo, 13 de marzo de 2016

Leguminosas arbóreas comestibles

Una de las entradas más visitadas de este blog es Las leguminosas como árboles de sacrificio. Es una de las propuestas que más me sorprendieron de la permacultura: utilizar fertilizantes vivos. Tal y como contaba allí y probablemente sabe todo el mundo que buscando información encuentra esa entrada, las plantas de la familia de las leguminosas tienen la característica de realizar simbiosis a través de sus raíces con unas bacterias nitrófilas, que captan el nitrógeno atmosférico y lo almacenan en unos nódulos pegados a ellas en el subsuelo, enriqueciéndolo.

En la página de Permaculture Apprentice leí como un permacultor llamado Stephan tiene 4 acres (1,61 Ha) plantados con frutales y leguminosas arbóreas que fertilizan gratis con nitrógeno su plantación. Por cada dos frutales una leguminosa es plantada con lo que sacrifica la producción de un tercio de su terreno pero se ahorra un insumo y hace su plantación más autosuficiente y biodiversa. Y parece que le va bien. Además, tiene los árboles agrupados por época de cosecha para no tener que ir correteando por toda la plantación, cuando toca recoger la fruta, sino que los árboles con igual época de recogida están juntos.


Este es el esquema:
Cada árbol tiene que estar pegando a un árbol de la familia de las leguminosas.

Además, este tipo de fertilización que copia las redes que se tejen en los ecosistemas donde cada elemento favorece y controla al conjunto, no es contaminante, mientras que el añadir insumos a la tierra para fomentar su productividad está consiguiendo que la agricultura industrial sea uno de las actividades más contaminantes por eutrofización que tiene nuestra civilización. Y si no, que se lo digan a los del Mar Menor en España. La solución creo que ya la tenemos, hay que abandonar el monocultivo. En fin, espero que nos pongamos a ello, más pronto que tarde.

Esta entrada ha venido inspirada por un intercambio de mails de hace unos meses con los amigos "bosquímanos" de Huertas Urbanas de Argentina que me compartieron su intención de plantar no solo leguminosas sino aquellas que dentro de ese grupo, además de nitrogenar, produjeran algún alimento. De esta manera, no sólo se aprovecha su hueco para la fertilización sino que además se pueden cosechar, y eso sería doblemente productivo.

He estado buscando buscando árboles o arbustos de esta familia que además sean productivos y, aunque la lista de leguminosas es gigante, la verdad es que no he encontrado muchos: el guisante siberiano (Caragana arborescens), el rooibos (Aspalathys linearis), el árbol del amor (Cercis siliquastrum), la mimosa de la pradera (Desmanthus illioensis) y el chañar (Geoffroea decorticans) pero no todos aguantan las condiciones del clima de este bosque de alimentos ni tampoco son fáciles de conseguir. Pero me he hecho con uno de ellos: el guisante siberiano, un todoterreno que aguanta sol directo, heladas de hasta -40º C, sequía estival, y produce unas vainas de guisante comestible. Encima he dado con él. No creo que se pueda pedir más.

Me he hecho con unos cuantos y los he intercalado entre los árboles plantados en las nuevas zanjas de este año. Aun son todos pequeños pero ya crecerán. Y tampoco han brotado así no tengo mucho que enseñar pero os presento las zanjas. Habrá que hacer un paseo fotográfico más adelante, cuando todo brote.

Esta zanja es nueva, en la terraza de abajo. Compré unos acerolos y después me he enterado de que no les gusta el sol directo, así que los he colocado de manera que el espino blanco les dé un poco de sombra. 

Acerolo  (Crataegus azarolus)
y plantón de guisante siberiano (Caragana arborescens)


Zanja de los acerolos a la sombra del viejo majuelo (Crataegus monogyma)
con guisante siberiano entre ellos (no se aprecia).

En la terraza de arriba a continuación de una plantación del año pasado he plantado un cerezo, un guisante siberiano, un avellano, un almendro y otro guisante siberiano. Todos ellos pequeños.

Esta vez he tenido una gran ayuda. El cerezo en primer plano.

En el cambio entre el talud y la terraza va esta zanja
para recoger todo el agua que caiga por la ladera y
los árboles los planto dentro de ella.

La zanja del castaño también ha sido ampliada, añadiendo guisante siberiano. Este año es pequeño pero espero que en los próximos años este arbusto le proporcione sombra al castaño y, además, he plantado otro castaño más. Es que me gustan las castañas...


Al final de la zanja está el guisante siberiano (Caragana arborescens)


Y ya para terminar os dejo un trabajito que he hecho. Con ayuda de la enorme base de datos de Plants for a future, he puesto el filtro de Fabaceae que es el nombre científico de esta famosa familia y, después, he seleccionado cualquier tipo de planta (anual, vivaz, arbusto o árbol) que tenga alguna parte que se pueda comer o que tenga propiedades medicinales. La tabla está a continuación y ésta es su explicación:

Nombre científico: Cada nombre tiene un enlace a su ficha en Plants for a future.
Nombre común: Algunos solo los he encontrado en inglés, pero la mayoría tienen el enlace a la Wikipedia o cualquier otra página donde se pueda leer algo sobre esa planta.
Zona: Se refiere refiere a su zona de rusticidad
Tipo: Anual, vivaz, arbusto, árbol y trepadora
Luz: Siendo 1 sombra y 3 sol directo
Agua: Siendo 1 seco y 3 húmedo
Cosecha: Época aproximada de recolección
Comestible: Siendo 5 muy comestible y 0 nada comestible
Medicinal: Siendo 5 muy medicinal y 0 nada medicinal

He seleccionado solo los 5 ó 4. Aunque esa valoración es muy relativa, porque a toda nuestra legumbre, base de la dieta mediterránea, le da sólo un 4, y no un 5 que es lo que se merece, seguramente porque en su zona apenas se consume. La única excepción es el Rooibos con un 3/3, que tampoco entiendo porque me encanta esa infusión. El chañar tampoco aparece, lo que me indica que seguramente habrá muchas otras leguminosas arbóreas que sean comestibles pero que no conocemos. En cualquier caso, no he cambiado nada y si hay cambios, ha sido por error al copiarlo.

Donde no hay información es que no he encontrado nada.

Y si falta alguna leguminosa que conozcáis, agradeceré mucho la información para ir ampliando la tabla.


LISTA DE LEGUMINOSAS COMESTIBLES

Nombre científico Nombre común Zona Tipo Luz Agua Cosecha Comestible Medicinal
6-9
TREPA
2-3
2
Comienzo otoño
5
1

VIVAZ
2-3
2

4
0
Amphicarpaea pitcheri

VIVAZ
2-3
2

5
0
3-7
VIVAZ
2-3
2
Turbérculos en otoño
5
1

VIVAZ
2-3
2

5
1

TREPA
2-3
2

5
0
7-10
ANUAL
3
2
Finales otoño
4
2
9
ARBUS
3
1-2
Verano
3
3
6-9
VIVAZ
3
1

4
1
5-9
VIVAZ
3
1

0
5

VIVAZ
3
1

4
0
2-7
ARBUS
3
1-2
Final verano
5
1
5-9
ARBUS
2
1-2
Final verano
4
1
6-9
ARBOL
2
1-2
Flores primavera
4
0
?
ANUAL
3
1-2
Final verano
4
1
4-8
ARBOL
3
2

4
1
8-9
ARBOL
3
1-2

3
3
7-10
ANUAL
3
2

4
2
7-10
VIVAZ
2-3
2

4
2
7-10
VIVAZ
2-3
2

4
4

VIVAZ
2-3
2

4
3
5-9
VIVAZ
2-3
2

3
4
3-7
VIVAZ
3
2

4
0

3-7
VIVAZ
3
2

4
0

4-8
VIVAZ
3
2

4
0
8-9
TREPA
3
2

4
2
5-9
VIVAZ
2-3
2

5
0

ANUAL
3
1-2
Final verano
4
1
Altramuz

ANUAL
3
2
¨Final verano
4
1
Altramuz

ANUAL
3
1
Final verano
4
0

ANUAL
3
2
Final verano
4
0
8-11
ANUAL
3
2
Final verano
5
0
4-8
VIVAZ
3
2-1

4
3
9-11
VIVAZ
3
2

4
0

ANUAL
3
2

4
2

ANUAL
3
2

4
2
Raíz de pan cástor indio

VIVAZ
3
1-2

4
0

ANUAL
3
2
Comienzo otoño
1
4
4-8
VIVAZ
3
1-2

5
1
5-9
TREPA
3
2

4
5
5-9
ANUAL
3
1-2
Final verano
4
5

ANUAL
2-3
2
Primavera
4
1
 Geoffroea
decorticans

ARBOL











martes, 4 de agosto de 2015

El quid de la cuestión: La sucesión ecológica


El aprendizaje nunca es lineal. En todas las cosas que me he propuesto aprender en mi vida he visto como se alternan periodos de estancamiento en los que parece que no avanzamos, con momentos de saltos en los que nos sorprendemos a nosotros mismos con nuevas capacidades o comprensiones que, como pequeñas conquistas, quedan en nosotros. Algo así creo que me ha pasado con este bosque de alimentos. Mi entrada Capricho de castañas fue "duramente" (pero con cariño) criticada por Mavi, quien pronosticó que el pequeño castaño de un año recién trasplantado no tenía muchas posibilidades por no haber respetado la sucesión ecológica.

Mavi escribió esta entrada, en el curso de Una suerte de tierra se habló de la sucesión y de repente, empezaron a ordenarse cosas en mi cabeza a la velocidad del rayo y me pareció conseguir la compresión de algo que en todo este tiempo se me había escapado. Yo ya era consciente de que no sabía cómo conseguir introducir esos niveles (cubierta, sotobosque, trepadoras, herbáceas, arbustivas, raíz) que Geoff Lawton cuenta que hay en un bosque, en este lugar donde de momento sólo hay una pradera. Había plantado unos frutales, había sembrado unos ajos y garbanzos en las zanjas junto a ellos pero se veía que eso era el primo lejano y pobre del bosque de alimentos.

Si queremos copiar a la Naturaleza para producir comida, también tenemos que copiar sus procesos, porque es su manera y ya sabemos qué pasa cuando se nada a contracorriente: cualquier movimiento lleva más esfuerzo y a veces te tienes que parar a medio camino exhausto. La Naturaleza tiene una autopista para ir desde la tierra desnuda hasta un bosque en su clímax y es mucho mejor pagar sus peajes porque nos llevará mucho más lejos con el menor esfuerzo.





En el libro de Toby Hemenway "Gaia's Garden" -que sigo leyendo y es una mina de información- viene maravillosamente explicado lo que es la sucesión ecológica y creo que la traducción merece la pena:

"Cuando las plantas colonizan por primera vez la tierra desnuda -por ejemplo, una granja abandonada- comienza una secuencia. Algunos tipos de hierbas anuales, gramas y flores son la primera flora en llegar, y debido a su inclinación por la colonización rápida, son llamadas plantas pioneras. Están bien adaptadas para invadir suelo desnudo o removido, y para cubrir el vacío de flora y reverdecerlo. Las plantas pioneras llenan el vacío vegetal y reinician los ciclos de la vida. Nosotros conocemos a esa horda de rápidas colonizadoras mayormente como maleza: grama, diente de león, acedera, llantén, achicoria, lechuga salvaje y muchas más. Campos abandonados y tierra suelta son su ambiente, donde tienen un trabajo que hacer: proteger el suelo contra las lluvias erosivas y transportar nutrientes desde lo más profundo del suelo hasta la superficie, donde puedan ser usados. Estas pioneras veloces y efímeras preservan y devuelven la fertilidad del suelo descubierto.

Si esta maleza fuera dejada en paz, en una pocas temporadas las breves y tempranas anuales se verían rodeadas y ensombrecidas por el grupo de las vivaces que son más altas. En la mitad norte de USA estas plantas incluyen margaritas, Chamerion angustifolium, vara de oro, euphorbia, hierbas vivaces y otras muchas. El denso follaje, los tallos ramificados y las muchas texturas de la alta maleza ofrecen más nichos a los insectos y pájaros para protegerse, criar y alimentarse. La cantidad de materia viva, llamada biomasa, aumenta cuando los nutrientes de la luz son recogidos y transformados en tallos firmes, follaje fuerte y semillas duras, que llegado el momento se convertirán en comida para insectos y otros animales. La vida está andamiando su camino hacia un nuevo territorio.

La secuencia desde la tierra desnuda a la pequeña maleza anual, llegando hasta las altas vivaces es llamada sucesión. Si se le permite continuar, de cinco a quince años el campo de maleza estará poblado por arbustos. Con lluvia suficiente y fertilidad, en dos o más décadas los arbustos dejarán paso a un bosque joven. Allí donde haya suficiente agua, la sucesión conducirá inexorablemente hacia un bosque.

Aunque la sucesión es un impulso casi irresistible, no es fluidamente lineal. En cualquier etapa, el fuego, el viento, el rayo, el arado o cualquier otra perturbación puede volverlo a una etapa más temprana. La mayor parte de los paisajes son un mosaico de muchas etapas sucesivas, en muchas escalas. Incluso en ecosistemas maduros en estados más avanzados de la sucesión, especies de todas las clases merodean en los márgenes. Las perturbaciones que oscilan entre un catastrófico incendio y la caída de un simple árbol, dejan que las pioneras o arbustos de estadios intermedios de la sucesión regresen, resultando un paisaje parcheado de varias etapas y años.

Y ¿cómo se relaciona esto con la jardinería? Los jardines convencionales copian ecosistemas inmaduros. Normalmente, dominan plantas de estadios tempranos de la sucesión. La mayor parte de las herbáceas, flores y especialmente vegetales anuales son plantas pioneras. Esto significa que en nuestro amor por los céspedes y los jardines ordenados, estamos intentando mantener nuestros terrenos en una etapa temprana de la sucesión ecológica. La tierra desnuda y el suelo removido en una huerta o en arbustos cultivados son como una sirena para las malas hierbas, que cubren con entusiasmo el suelo descubierto, extraen los nutrientes del suelo mineral y las rocas subyacentes y preparan el lugar para un ecosistema más maduro como un matorral o un bosque. Una extensión de hierba bien regada está pidiendo a gritos, dentro del esquema de la naturaleza, una guerra relámpago de plantones y arbustos o, en último caso, un máximo en diversidad a través de la rápida maleza anual.


La agricultura es antinatura. Pretende parar la sucesión como sea
 en sus primeras etapas.

Podemos usar nuestro conocimiento de la sucesión para ayudarnos a solucionar nuestros problemas en el huerto. La mayor parte de la maleza está compuesta por plantas pioneras, que prosperan con las perturbaciones, la luz del Sol y suelos pobremente desarrollados. Sólo abandonando la técnica de arar mis problemas con la maleza se redujeron considerablemente, ya que las semillas dependientes de las perturbaciones -y la luz solar- se pudren en el suelo en lugar de ser catapultadas al crecimiento por la luz y el cultivo. Una capa de acolchado a menudo bloqueará por razones similares que estas semillas germinen."

Y más adelante continúa:

"Un campo es un sistema dinámico, no una naturaleza muerta inamovible. Contemplando nuestras tierras como ecosistemas dinámicos, más que como una colección de estáticos objetos inertes, podremos crear jardines que crezcan naturalmente con una directriz y diseño sano. Esta perspectiva deja que pasemos mucho del trabajo de mantenimiento de nuestros jardines a la Naturaleza.

Desde este punto de vista, podremos preguntarnos ¿qué tipo de ecosistemas contienen la mayoría de los jardines? La respuesta nos dice por qué el trabajo de mantenimiento de los jardines es tan tedioso e interminable. Un césped bordeado de flores es el primo ecológico de la pradera. La otra gran disposición encontrada en las zonas residenciales, el arquetípico césped moteado aquí y allá de árboles y arbustos copia a la sabana. (Me pregunto por los sueños prehistóricos que nos mueven cuando creamos estos ecosistemas que copian aquellos de la infancia de nuestra especie en las planicies de África).


La pradera y la sabana prosperan naturalmente sólo bajo ciertas circunstancias medioambientales. Estas incluyen bajas precipitaciones, intenso pastoreo animal y fuegos frecuentes. Ya que pocos habitantes de las zonas residenciales fomentan la tierra seca, rebaños de bisontes y fuegos incontrolados en sus jardines, las condiciones de la mayor parte de los céspedes no favorecen las sabanas ni las praderas. Entonces, ¿qué pasa con estos fragmentos de infelices ecosistemas? Una sabana o una pradera que no arde, que se mantiene bien fertilizada y es bañada bajo el siseo de los aspersores está siendo empujada a madurar hacia un matorral y más tarde a un bosque. Esta es la sucesión ecológica, omnipresente e implacable.

La maleza en nuestros céspedes y los plantones de arce en nuestros parterres de flores son testimonios del poder de la sucesión. Contemplado bajo un prisma ecológico, el clásico jardín sólo quiere madurar. Comprender esto permitirá que nos aliemos con esa considerable fuerza de la naturaleza, en lugar de pelearnos con ella.


Un ecosistema inmaduro como pueda ser un césped pide que gastemos tiempo y energía y materiales para dar para atrás a las manecillas del reloj ecológico, deteniéndolo en la fase de pradera, cortando el césped y limpiando la maleza. Aún así la naturaleza -y nuestros sistemas de irrigación y fertilizantes- inexorablemente moverán el reloj otro tictac, germinando semillas y retoños, inundándonos con su fecundidad. Con el aspersor y los fertilizantes estamos apretando el acelerador, y después arando y podando estamos echando el freno. Ningún sistema puede ir bien con tal regimen esquizofrénico."



Un bosque maduro tarda 100 años en formarse


Ahora me ha dado por observar las diferentes etapas de la sucesión en estas tierras. Hace tiempo que no hay bosques pero los signos de la sucesión son evidentes.

Esta terraza llevará unos 14 años sin ser arada.

Después de las pioneras que son las que cubren la tierra descubierta aparecen siempre las herbáceas pero poco a poco la fase arbustiva dominada en estas tierras por la aulaga y el escobizo empiezan a hacerse hueco expulsándolas. En las primeras fases, árboles que algún día podrán ser de cubierta -como es el nogal- se comportan como si fueran arbustos. Pero no todos los árboles de cubierta pueden aguantar el sol directo en sus primeros años de vida, por ello, algunos para prosperar necesitarán la sombra de otros árboles más pioneros hasta que puedan ocupar su lugar de imponentes reyes del bosque. En nuestro caso, el nogal es un todo terreno, aparece espontáneamente en muchos lugares y crece mucho más rápido que los árboles del bosque titular que son los quejigos.

Esta ladera orientada al este no habrá sido nunca arada pero sin duda ha habido rebaños que la mantenían pelada.
A estos quejigos los he visto pasar de tamaño arbusto a árbol joven. 

En las zonas más húmedas para la fase arbustiva predomina el escobizo, en las más secas el tomillo y el cardo corredor, y la poderosa aulaga ocupa todos los lugares. El tomillo y las herbáceas nunca comparten espacios.

Más tarde el espino blanco y el rosal silvestre van ganando altura para el ecosistema. Y finalmente el quejigo, lento pero seguro será el bosque titular de la zona.

Tal vez os estéis preguntando qué habrá pasado con el castaño. Después de leer que no tenía mucho futuro, decidí cuidarlo como si no hubiera leído nada, pero Mavi como oráculo no tiene precio, con el fuerte calor de esta primavera se secaron sus tiernas hojas recién brotadas.


Este árbol no es un pionero y necesita sombra en sus primeros años.

Se secó la vara principal pero parece que tiene ganas de vivir.

Le he colocado una sombra y me he dado cuenta de que a un par de metros
lo podía haber plantado a la sombra de un rosal silvestre.

Es curioso como las cuestiones culturales nos condicionan. A dos metros había un sitio estupendo en tierras comunales para plantar el castaño bajo la sombra de un rosal silvestre, que le dará sombra durante muchos años sin que me tenga que preocupar de hacer crecer la malla de ocultación que le he puesto, sin pensar que se la va a llevar el viento o romper. Pero como no tengo escrituras de ese sitio... ni me lo plantee como sitio viable.


Así estaba este último fin de semana, muy guapito y contento con su sombra.
Tiene acolchado de cartón y paja encima
y dentro de la zanja se mantiene la humedad del suelo perfectamente.

Todo esto me va a hacer cambiar mi manera de actuar. Habrá más zanjas pero las llenaré de arbustos y árboles pioneros que irán abriendo el hueco para otro tipo de árboles como puedan ser los frutales. Y llevará su tiempo, la sucesión lo necesita, y mi labor será ayudar a que vaya más rápido, pero no me saltaré ni un paso. La variada plantación del seto cortavientos está siendo una buena prueba para saber qué árboles aguantan bien las duras condiciones de inicio y se comportan como pioneros. Ya os lo contaré al final del verano. La verdad es que está siendo un aprendizaje fascinante.