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lunes, 1 de abril de 2019

Salomé y los 55 árboles plantados

Salomé es una ahoyadora de armas tomar que vive en un pueblo de Madrid en casa de mi amiga Ana. Con ella una no puede andarse con tonterías y, por eso, Ana le preguntó a ver qué le parecía ir a plantar unos árboles a Burgos. Después de pensarlo un rato Salomé dijo: "Nada me hace más feliz que cumplir con mi destino" y por esa frase lapidaria interpretamos que estaba de acuerdo. Ella es así, cuando habla es para dejar a todo el mundo con la boca abierta.

Aquí Salomé acabando de recitar un poema

Tiene una fuerza descomunal. Yo la intenté manejar y casi me saca volando. Así que era Ana quien la guiaba para hacer los agujeros. Y yo la transportaba, intentando ayudar, de un agujero a otro. Se han plantado 10 fresnos (Fraxinus angustifolia), 8 encinas (Quercus ilex), 3 guisantes siberianos (Caragana arborescens) y 26 laricios (Pinus nigra) en un tiempo récord, en unas 4 horas.

Empezamos por el talud más destrozado por las lluvias torrenciales del pasado verano. La nueva plantación de laricios pretende crear una contención para los torrentes venideros porque es muy poco probable que la finca de arriba deje de ser arada en los próximos años. Y como había suficientes pinos seguimos avanzando por la ladera de solana hasta que se acabó la bandeja.

Vaya par de máquinas


Los de Google Earth han actualizado este verano las tomas de mi pueblito y ahí se puede apreciar el río que pasó por encima de la vaguada y por dónde fueron los ríos de lodo que arrastró el agua desde la finca plantada con girasoles que se encuentra en lo alto de la colina. 

Las tres zanjas que tenía se colmataron y el depósito de más arriba fue desplazado junto con piedras.
El norte apunta hacia arriba.

La vaguada está orientada hacia el este, hacia el amanecer. Como siempre para las orientaciones este-oeste las dos laderas que la contienen son de solana -orientación sur- y de umbría -orientación norte- (y al revés en el hemisferio Sur). Cuando practicamos la observación y sobre todo en aquellos sitios que andan justos de agua podemos ver que la orientación -ese "pequeño" detalle- es tan condicionante que aunque los suelos se encuentren muy cerca y compartan su composición química, la vegetación es bastante diferente.

Umbría

Y, por eso, en esta vaguada la ladera de umbría se encuentra mucho más avanzada que la de solana en lo que a sucesión se refiere. Ya hay unos once quejigos de porte arbóreo y unos siete aun pequeños, que parecen arbustos y que cualquier año nos sorprenden y pegan el estirón. Toda la ladera está cubierta por un potente estrato herbáceo que no decae ni el lo más seco del verano y que cubre tupidamente el suelo. Y algún tojo (Ulex europaeus) sobresale por encima de la hierba. La recuperación es evidente. Puede que dentro de unos diez años, o tal vez alguno más, el quejigo comience a ser dominante y vaya ocupando más y más la ladera.

En la umbría el bosque comienza a enseñar la patita

Los quejigos durante más de su primera década de vida son como arbustos

Pero en la solana todo es más difícil: el sol da de pleno durante más horas y seca más el suelo con lo que hay un menor número de especies que pueden en ella prosperar. Aquí triunfa el tomillo y en primavera domina el gamón, también hay tojos (Ulex europaeus) y escobizos (Dorycnium pentaphyllum) como pequeños arbustos. Y donde casi no hay suelo por estar la roca muy próxima a la superficie domina el Sedum album, y donde el Sedum album no puede crecer, hay líquenes, rellenando los huecos. Eso sí, no he visto ningún quejigo, ni ningún arbusto bien desarrollado así que he pensado que hay que echar una mano en esta zona.


Solana
Detalle del suelo de la solana: tomillo (Thymus vulgaris), gamón (Asphodelus albus), uva de gato (Sedum album), escobizo (Dorycnium pentaphyllum)

Así que en la zona de solana hemos seguido plantando los pinos laricios (Pinus nigra). Son unos todo-terreno y creo que con mi ayuda, pues este verano tendrán sus riegos de supervivencia, y su capacidad de sufrir el estrés hídrico veraniego, en unos pocos años podrán generar algo de sombra sobre la solana, dándole a ese suelo nuevas oportunidades de albergar especies más delicadas.


Lugares de la plantación

Otra de las razones para plantar árboles en las laderas es la capacidad de los árboles de crear esponjas vivas en el suelo, pues con ellos el suelo aumenta su capacidad de retener agua. De todos los lugares donde podemos almacenar el agua, el mejor de todos es el suelo. Y los árboles nos ayudarán a conseguirlo: lo sombrean, evitando la evaporación, y generan un suelo mullido y lleno de recovecos, permitiendo que el agua de lluvia se quede y ralentice su viaje hacia el mar.

Unas laderas cubiertas de árboles harán que el suelo de la vaguada disponga de más humedad durante más tiempo. Y eso favorecerá toda la vida y los cultivos que allí se encuentren.

Tres en raya


Todos tienen su acolchado de cartón y paja, y su red de protección

Estoy segura de que los pinos son una exquisitez para los corzos. Menos las encinas a las que no he puesto protecciones (pienso que pasará como con sus primos los quejigos a los que dejan en paz), todos los demás árboles llevan su protector. Ya no me la juego. Y, además, temo que Salomé ya no quiera venir más, si no cumplo con mi palabra de cuidar de los arbolitos. Después de todos estos años ya sé quiénes son sus dos grandes enemigos: los corzos y la sequía estival.  Y ya que en verano estoy yo echando una mano con unos riegos de supervivencia, sin duda los corzos son lo peor. Parece ser que con los cuernos pelan las cortezas y dejan a los árboles secándose lentamente al sol y al aire, y sin su protección natural, mueren. Así que no van a faltar protecciones porque si no, esto sería trabajar para el saco de lo echado a perder.


Una pena pero Bamby no juega en mi equipo

¡Buena suerte!

Además de en la ladera de solana, Ana, Salomé y yo también plantamos al final de la vaguada. Hace tres años con ayuda de un amigo se hizo una nueva zanja y se plantaron fresnos (Fraxinus angustifolia), guisantes siberianos (Caragana arborescens) y avellanos (Corylus avellana). No recuerdo cuántos fueron pero tal vez 8, 2 y 8 unidades de estos árboles. Cometí el error de no ponerles protección y solo quedan dos fresnos y un avellano, y los dos guisantes siberianos que a día de hoy tiran fenomenal. Si murieron (realmente desaparecieron), no fue por falta de agua porque en otro lugar planté 10 avellanos con idea de crear un seto cortavientos y esos siguen bien... porque tienen su mallita. Esta zona es la mejor de toda la vaguada, donde siempre la hierba conserva el color verde en verano pues ahí va a dar toda la recogida de laderas. Así que me he gastado todas las reservas de malla y he tenido que ir a comprar más.

Cada malla de un color. Fresnos, guisantes siberianos y avellanos formarán una barrera frena vientos

He elegido los fresnos para esa zona tan propicia porque es un árbol que da muy buena madera y, además, crece relativamente rápido para lo que son árboles de buena leña. Y el avellano y el guisante siberiano para ir cerrando el paso del viento a diferentes alturas. La vaguada es como un cañón de aire y quiero ponerle al viento diferentes frenos.

Y ya está todo listo. Solo queda que llueva para sellar el buen futuro de este trabajo. Si para Semana Santa no cae lluvia, tendré que empezar a regar. Llevamos más de dos meses sin ver la lluvia y eso es demasiado para estos pobres árbolitos recién plantados. Este año tengo buenas reservas de agua (el año pasado fue excepcional y no tuve que hacerlo) pero empezar a regar en abril... es una anormalidad muy grande...

De aquella tarde tengo un recuerdo muy especial. Estuvimos muy atareadas, centradas en la elección de los lugares, en llevar a Salomé de un lado a otro para que hiciera su trabajo,... y, sin darnos casi cuenta, ya habíamos terminado la bandeja de laricios. Y ahí, de repente, fui consciente de todo lo que habíamos hecho, en tan poco tiempo, con tan poco esfuerzo por mi parte, gracias a Salomé y a Ana. A mí vinieron recuerdos de las muchas veces que había estado cavando sola, del esfuerzo, de la impotencia por no poder hacer más,... y ahí mismo delante de ellas me puse a llorar como una tonta, sintiendo una inmensa gratitud. Que nadie que me haya ayudado se sienta mal, nunca he estado realmente sola en este proyecto. Pero esto ha sido otro nivel. Y Salomé me ha dicho que también vendrá el año que viene. Bueno, ella realmente ha dicho: "Cumpliremos con nuestro destino". Qué tía.

Y mil gracias.












jueves, 21 de julio de 2016

Prevención y cuidado contra el daño de los herbívoros

Los que plantamos árboles sabemos que en esta película Bamby es de los malos. 

Uno de los ataques más graves que aquí pueden sufrir los arbolitos plantados viene de los corzos. Y también es uno de los problemas más fáciles de solucionar. La experiencia es un grado y, por eso, ya no me la juego y les pongo protecciones a los árboles, sobre todo a los que más caro me han costado o los que tengo más interés en que sobrevivan.

Inicié este camino con un conjunto de creencias que me hacía pensar que la Naturaleza es buena y que mejor todo natural, pero para llegar a este punto de intervención, en el que protejo con mallas los árboles, he tenido que sufrir ataques muy fuertes, que se han llevado por delante sobre todo a tejos, avellanos, membrillos y pinos, sin piedad. Por lo que he observado, a los corzos les encanta la corteza de los árboles jóvenes, parece ser que son maneras que tienen los machos de marcar su territorio y creo que también se la comen, porque no se ven restos.





Aquí arriba podéis ver un pino laricio (Pinus nigra) atacado y el detalle de como le han quitado la corteza. Esto es muerte segura para el árbol. Después de haber sufrido las primeras pérdidas, compré pasta cicatrizante y me cree un kit de primeros auxilios. Cada vez que veo un árbol atacado, le aplico la pasta y si actúo a tiempo, tiene muchas probabilidades de sobrevivir.

Al principio no sabía que era lo que pasaba. Llegué a pensar que alguien del pueblo boicoteaba mis intentos reforestadores. Como si no fuera suficiente con los secos veranos, y alguien más se hubiera unido al club de los jinetes del apocalipsis. Pero me enteré para mi sorpresa que no eran los humanos sino los corzos, que, aunque parece que tienen cara de no haber roto un plato en su vida, son muy destructores.


Fantástica foto de Mario Bregaña

Como ser humano que soy, ya estoy moralizando... la Naturaleza no sabe de buenos o malos, o de piedad, o de destrucción, sólo sabe de desequilibrios. El corzo está bien diseñado. Sólo que él no sabe que estamos intentando reforestar, que estamos aprendiendo a cultivar comida sin agredir la tierra, que soñamos con ecosistemas productivos, donde haya sitio para todos, incluidos los depredadores. El efecto de unos lobos paseándose por mi protobosque de alimentos sería suficientemente disuasorio creo yo. Pero en estas zonas de llanura cerealista no hay.

El sistema agroganadero ha expulsado a los lobos y los persigue implacablemente. Yo recuerdo de pequeña, cuando en casa veíamos los míticos programas de El hombre y la Tierra de Félix Rodríguez de la Fuente, mi padre, que de joven había sido pastor, no entendía la defensa del lobo que allí se hacía. En su opinión, lo mejor que se podía hacer con el lobo era exterminarlo. Mucha gente sigue pensando lo mismo. El año pasado la Diputación de Bizkaia, la provincia donde vivo, organizó una batida para acabar con una manada asentada en el valle de Karrantza.

Sin embargo, en este esquema de bosques de alimentos, Bamby es el villano y el lobo un poderoso aliado. No hay buenos ni malos, es sólo una cuestión de intereses.

Os quiero enseñar cuál es mi sistema para salvar los arbolitos de una muerte segura. Lo primero es aplicar la pasta cicatrizante que en este caso se tendría que llamar reconstruyente.

Reconstruyo la corteza con pasta cicatrizante

Y después le pongo malla protectora porque una vez que empieza los ataques, siempre vuelven, supongo que por el marcado del territorio. En este caso tenía pedazos de malla rota que había guardado y que ayudándome con unas bridas, podría servir como protección, a fin de cuentas este laricio todavía es pequeño. Vengo observando que los permacultores y los que intentamos serlo tenemos algo del síndrome de Diógenes. Siempre estoy guardando cosas... y muchas veces son útiles.

No hay nada que unas bridas no puedan arreglar

Una vez puesta la malla se acaba el problema. Es un poco feo tener todo lleno de mallas pero he comprobado que es la única manera. Al menos aquí.

Foto de dos meses más tarde. Salvado.

Me da mucha alegría salvar mis árboles. Voy con mi kit de primeros auxilios por ahí cual enfermera en un campo de batalla. Los seres humanos y sus películas...