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jueves, 11 de febrero de 2016

Zonas de rusticidad

Mientras buscaba plantas que pudieran sobrevivir en mi bosque de alimentos, me ha venido un pensamiento: la globalización, -entendida como esa posibilidad de disponer de bienes provenientes de cualquier parte del mundo-, también ha alcanzado de lleno a la permacultura. Aunque al contrario que la globalización, ésta dirige su atención a lo local, a la autosuficiencia, a la comunidad, en su diseños se introducen sin problemas plantas productoras de comida provenientes de cualquier parte del mundo. Tampoco es que sea algo original de la permacultura, la agricultura lleva miles de años haciendo lo mismo, transportando en su expansión las plantas más alimenticias o más sabrosas. Me gustaría saber qué plantas de las que están ahora en las estanterías de los supermercados han evolucionado exclusivamente en nuestros ecosistemas. Si ahora nos diera por aplicar alguna loca ley de pureza ecosistémica a la alimentación, igual no nos valdría nada de lo que se comercializa y pasaríamos hambre.

Sin embargo, la permacultura está desbocada. Tupinambos, paw-paw, patatas aéreas, moringa, y un largo etcetera, que hace que la cesta de la cosecha del permacultor parezca la balda de verduras exóticas de algún centro comercial de postín. Reconozco que me encanta y busco semillas y plantas de esto y de lo otro compulsivamente. Tengo un libro que se llama Creating a Food Forest que entre otras cosas tiene un listado de plantas de todo el mundo que podríamos tener en nuestro bosque de alimentos, y que no solo se limita a la alimentación, sino a plantas que de alguna manera podrían sernos útiles porque podemos ganar con ellas medicinas, mimbres, fibras, alimento para abejas, jabón, corcho, setas, etc.




Mi nueva adquisición



Y, ¿todo está está tan realmente al alcance de la mano como adoctrina la globalización? Pues no, aunque nos cueste entenderlo, y aquí va mucha carga de ironía, tenemos limitaciones.

Uno de los factores más limitantes para el cultivo de una planta es el frío, otro es el agua, otro el suelo, otro las horas de luz. La permacultura tiene trucos para casi todo pero mover la inclinación del eje terrestre para conseguir un reparto de los rayos solares con el fin de tener una temperatura equilibrada por todo el planeta todavía no está dentro de sus capacidades. Así que, aunque podamos en un abrir y cerrar de ojos mover las plantas de sus ecosistemas nativos, donde encajan como un guante, hasta nuestros cultivos, el frío o el calor que tengamos en nuestra área puede que las mate o no las deje prosperar. Por eso, es importante saber dónde estamos y de dónde vienen las plantas.

El USDA (United States Department of Agriculture) hizo en 1990 un gran trabajo en ese sentido. Creó 11 zonas, diferenciándolas por su temperatura mínima, en concreto por la media de las temperaturas mínimas invernales en los años anteriores. Y estas zonas abarcan todos los climas que se dan en su país.

Tal y como dicen aquí estas zonas son informativas: la temperatura mínima del invierno es uno de los factores más decisivos para saber si una planta puede ser cultivada en el exterior en una determinada localización. Sin embargo, las zonas de rusticidad del USDA tienen inconvenientes, si no se usa información suplementaria: las zonas no informan de los niveles de calor estival, tampoco de los días de helada. Por supuesto, la temperatura media es solo una orientación porque durante un periodo de tiempo, aunque sea un par de días, si la temperatura baja muy por debajo de lo que dice la media, te puede hacer una faena, sobre todo en plantas que están muy al límite. Pero como aproximación es una muy buena referencia.


Estas son las zonas del 1 al 11 y también sus subzonas para afinar más


Zona de rusticidad USA y Canadá


Las zonas de rusticidad de Europa

En Europa apenas hay zona 11

Las zonas de rusticidad de China

En China tienen de 1 a 11 también


La siguiente serie de mapas los he sacado de esta página donde se pueden buscar los mapas de las zonas de rusticidad de muchos lugares del mundo.

Subcontinente indio
USDA India Pakistan Bangladesh Nepal Plant Hardiness Zone Map
Se ve bastante mal pero las zonas de la India
van de 6 a 13

Oriente Próximo y Oriente Medio

Las zonas van de 5 a 13

África

USDA Algeria Angola Benin Botswana Burkina Faso Burundi Cameroon Cape Verde Central African Republic Chad Democratic Republic of Congo Republic of Congo Cote d'Ivoire Djibouti Egypt Equatorial Guinea Eritrea Ethiopia Gabon Gambia Ghana Guinea Guinea Bissau Kenya Lesotho Liberia Libya Madagascar Malawi Mali Mauritania Mauritius Morocco Mozambique Namibia Niger Nigeria Reunion Rwanda Sao Tome and Principe Senegal Seychelles Sierra Leone Somalia South Africa South Sudan Sudan Swaziland Tanzania Togo Tunisia Uganda Zambia Zimbabwe Africa Plant Hardiness Zones Map


Sudamérica





Australia

USDA Australia Plant Hardiness Zones Map




El mapa siguiente proviene del fantástico y completo trabajo de José Manuel Sánchez de Lorenzo-Cáceres del 2004 donde estudia muy detalladamente cada provincia española, creando su propio mapa de rusticidad con mucha mayor resolución que lo que circula por internet. Además, hay una lista enorme de plantas tanto ornamentales como alimenticias con las zonas de rusticidad en las que pueden prosperar en mi país. Es muy recomendable. 

Este bosque de alimentos está dentro de una zona 8.





De este modo, conociendo cuál es nuestra zona, podemos ver si la planta que queremos introducir encaja dentro de ella. Si anda al límite, siempre la podemos situar dentro un microclima que hayamos creado: al resguardo, cerca de piedras o de depósitos de agua con suficiente inercia térmica para recoger calor por el día e ir soltándolo por la noche, un invernadero, etc. Además del libro que he mencionado anteriormente, también consulto mucho en la página Plants for a future que tiene una base de datos increiblemente amplia, presumen de contar con 7000 plantas. Por muy difícil que sea nuestra zona, algo encontraremos para ella, sin duda.

Bueno, hasta aquí todo muy estructurado y muy fiable, parece una buena guía. Y lo sería, si tuviéramos unas condiciones climáticas estables. Soy una persona que tiendo al optimismo, pero no quiero estar ciega ante la evidencia: el clima está cambiando. Al menos en España todos hemos sido conscientes este año de que el verano se ha prolongado hasta bien entrado el otoño y que el invierno ha estado lleno de preciosos días primaverales.

Aquí en Bilbao, desde donde escribo, las floraciones primaverales se han estado dando en diciembre (al comienzo del invierno en el hemisferio boreal) y ha sido una temporada muy seca. Las regulares lluvias otoñales han brillado por su ausencia, podréis verlo cuando cuelgue allá por mayo una entrada que voy preparando de cómo se habrán ido llenando o no los depósitos. Ahora está lloviendo con ganas y ha bajado la temperatura. Todavía queda invierno pero hasta ahora la zona de Burgos donde tengo el bosque de alimentos se está comportando este año diría que como una zona 9, con muy pocos días de heladas.

Y esto no es solo aquí. Más allá de nuestra percepción local en este año, la propia USDA ha vuelto a confeccionar en el 2015 el mismo mapa de zonas de rusticidad con las temperaturas de los últimos años y se ha encontrado con amplios cambios en la dirección del calentamiento. Aquí tenéis la comparación entre ambos mapas de 1990 y de 2015:

Differences between 1990 USDA hardiness zones and 2015 arborday.org hardiness zones

Nadie sabe qué va a pasar ni hacia dónde se moverán las temperaturas. O si van a desaparecer los estables patrones climáticos que nos han acompañado en los últimos milenios y que en gran medida han contribuido al florecimiento de la agricultura, para ser sustituidos por otros que aun no conocemos. Si esto dañará los ecosistemas de manera irreparable o no. Nos tendremos que adaptar y hacernos lo más resilientes que podamos. Y disponer de un bosque de alimentos bullendo de biodiversidad puede ser una buena manera de intentarlo. Siento el tono pero es que estoy preocupada. 

martes, 4 de agosto de 2015

El quid de la cuestión: La sucesión ecológica


El aprendizaje nunca es lineal. En todas las cosas que me he propuesto aprender en mi vida he visto como se alternan periodos de estancamiento en los que parece que no avanzamos, con momentos de saltos en los que nos sorprendemos a nosotros mismos con nuevas capacidades o comprensiones que, como pequeñas conquistas, quedan en nosotros. Algo así creo que me ha pasado con este bosque de alimentos. Mi entrada Capricho de castañas fue "duramente" (pero con cariño) criticada por Mavi, quien pronosticó que el pequeño castaño de un año recién trasplantado no tenía muchas posibilidades por no haber respetado la sucesión ecológica.

Mavi escribió esta entrada, en el curso de Una suerte de tierra se habló de la sucesión y de repente, empezaron a ordenarse cosas en mi cabeza a la velocidad del rayo y me pareció conseguir la compresión de algo que en todo este tiempo se me había escapado. Yo ya era consciente de que no sabía cómo conseguir introducir esos niveles (cubierta, sotobosque, trepadoras, herbáceas, arbustivas, raíz) que Geoff Lawton cuenta que hay en un bosque, en este lugar donde de momento sólo hay una pradera. Había plantado unos frutales, había sembrado unos ajos y garbanzos en las zanjas junto a ellos pero se veía que eso era el primo lejano y pobre del bosque de alimentos.

Si queremos copiar a la Naturaleza para producir comida, también tenemos que copiar sus procesos, porque es su manera y ya sabemos qué pasa cuando se nada a contracorriente: cualquier movimiento lleva más esfuerzo y a veces te tienes que parar a medio camino exhausto. La Naturaleza tiene una autopista para ir desde la tierra desnuda hasta un bosque en su clímax y es mucho mejor pagar sus peajes porque nos llevará mucho más lejos con el menor esfuerzo.





En el libro de Toby Hemenway "Gaia's Garden" -que sigo leyendo y es una mina de información- viene maravillosamente explicado lo que es la sucesión ecológica y creo que la traducción merece la pena:

"Cuando las plantas colonizan por primera vez la tierra desnuda -por ejemplo, una granja abandonada- comienza una secuencia. Algunos tipos de hierbas anuales, gramas y flores son la primera flora en llegar, y debido a su inclinación por la colonización rápida, son llamadas plantas pioneras. Están bien adaptadas para invadir suelo desnudo o removido, y para cubrir el vacío de flora y reverdecerlo. Las plantas pioneras llenan el vacío vegetal y reinician los ciclos de la vida. Nosotros conocemos a esa horda de rápidas colonizadoras mayormente como maleza: grama, diente de león, acedera, llantén, achicoria, lechuga salvaje y muchas más. Campos abandonados y tierra suelta son su ambiente, donde tienen un trabajo que hacer: proteger el suelo contra las lluvias erosivas y transportar nutrientes desde lo más profundo del suelo hasta la superficie, donde puedan ser usados. Estas pioneras veloces y efímeras preservan y devuelven la fertilidad del suelo descubierto.

Si esta maleza fuera dejada en paz, en una pocas temporadas las breves y tempranas anuales se verían rodeadas y ensombrecidas por el grupo de las vivaces que son más altas. En la mitad norte de USA estas plantas incluyen margaritas, Chamerion angustifolium, vara de oro, euphorbia, hierbas vivaces y otras muchas. El denso follaje, los tallos ramificados y las muchas texturas de la alta maleza ofrecen más nichos a los insectos y pájaros para protegerse, criar y alimentarse. La cantidad de materia viva, llamada biomasa, aumenta cuando los nutrientes de la luz son recogidos y transformados en tallos firmes, follaje fuerte y semillas duras, que llegado el momento se convertirán en comida para insectos y otros animales. La vida está andamiando su camino hacia un nuevo territorio.

La secuencia desde la tierra desnuda a la pequeña maleza anual, llegando hasta las altas vivaces es llamada sucesión. Si se le permite continuar, de cinco a quince años el campo de maleza estará poblado por arbustos. Con lluvia suficiente y fertilidad, en dos o más décadas los arbustos dejarán paso a un bosque joven. Allí donde haya suficiente agua, la sucesión conducirá inexorablemente hacia un bosque.

Aunque la sucesión es un impulso casi irresistible, no es fluidamente lineal. En cualquier etapa, el fuego, el viento, el rayo, el arado o cualquier otra perturbación puede volverlo a una etapa más temprana. La mayor parte de los paisajes son un mosaico de muchas etapas sucesivas, en muchas escalas. Incluso en ecosistemas maduros en estados más avanzados de la sucesión, especies de todas las clases merodean en los márgenes. Las perturbaciones que oscilan entre un catastrófico incendio y la caída de un simple árbol, dejan que las pioneras o arbustos de estadios intermedios de la sucesión regresen, resultando un paisaje parcheado de varias etapas y años.

Y ¿cómo se relaciona esto con la jardinería? Los jardines convencionales copian ecosistemas inmaduros. Normalmente, dominan plantas de estadios tempranos de la sucesión. La mayor parte de las herbáceas, flores y especialmente vegetales anuales son plantas pioneras. Esto significa que en nuestro amor por los céspedes y los jardines ordenados, estamos intentando mantener nuestros terrenos en una etapa temprana de la sucesión ecológica. La tierra desnuda y el suelo removido en una huerta o en arbustos cultivados son como una sirena para las malas hierbas, que cubren con entusiasmo el suelo descubierto, extraen los nutrientes del suelo mineral y las rocas subyacentes y preparan el lugar para un ecosistema más maduro como un matorral o un bosque. Una extensión de hierba bien regada está pidiendo a gritos, dentro del esquema de la naturaleza, una guerra relámpago de plantones y arbustos o, en último caso, un máximo en diversidad a través de la rápida maleza anual.


La agricultura es antinatura. Pretende parar la sucesión como sea
 en sus primeras etapas.

Podemos usar nuestro conocimiento de la sucesión para ayudarnos a solucionar nuestros problemas en el huerto. La mayor parte de la maleza está compuesta por plantas pioneras, que prosperan con las perturbaciones, la luz del Sol y suelos pobremente desarrollados. Sólo abandonando la técnica de arar mis problemas con la maleza se redujeron considerablemente, ya que las semillas dependientes de las perturbaciones -y la luz solar- se pudren en el suelo en lugar de ser catapultadas al crecimiento por la luz y el cultivo. Una capa de acolchado a menudo bloqueará por razones similares que estas semillas germinen."

Y más adelante continúa:

"Un campo es un sistema dinámico, no una naturaleza muerta inamovible. Contemplando nuestras tierras como ecosistemas dinámicos, más que como una colección de estáticos objetos inertes, podremos crear jardines que crezcan naturalmente con una directriz y diseño sano. Esta perspectiva deja que pasemos mucho del trabajo de mantenimiento de nuestros jardines a la Naturaleza.

Desde este punto de vista, podremos preguntarnos ¿qué tipo de ecosistemas contienen la mayoría de los jardines? La respuesta nos dice por qué el trabajo de mantenimiento de los jardines es tan tedioso e interminable. Un césped bordeado de flores es el primo ecológico de la pradera. La otra gran disposición encontrada en las zonas residenciales, el arquetípico césped moteado aquí y allá de árboles y arbustos copia a la sabana. (Me pregunto por los sueños prehistóricos que nos mueven cuando creamos estos ecosistemas que copian aquellos de la infancia de nuestra especie en las planicies de África).


La pradera y la sabana prosperan naturalmente sólo bajo ciertas circunstancias medioambientales. Estas incluyen bajas precipitaciones, intenso pastoreo animal y fuegos frecuentes. Ya que pocos habitantes de las zonas residenciales fomentan la tierra seca, rebaños de bisontes y fuegos incontrolados en sus jardines, las condiciones de la mayor parte de los céspedes no favorecen las sabanas ni las praderas. Entonces, ¿qué pasa con estos fragmentos de infelices ecosistemas? Una sabana o una pradera que no arde, que se mantiene bien fertilizada y es bañada bajo el siseo de los aspersores está siendo empujada a madurar hacia un matorral y más tarde a un bosque. Esta es la sucesión ecológica, omnipresente e implacable.

La maleza en nuestros céspedes y los plantones de arce en nuestros parterres de flores son testimonios del poder de la sucesión. Contemplado bajo un prisma ecológico, el clásico jardín sólo quiere madurar. Comprender esto permitirá que nos aliemos con esa considerable fuerza de la naturaleza, en lugar de pelearnos con ella.


Un ecosistema inmaduro como pueda ser un césped pide que gastemos tiempo y energía y materiales para dar para atrás a las manecillas del reloj ecológico, deteniéndolo en la fase de pradera, cortando el césped y limpiando la maleza. Aún así la naturaleza -y nuestros sistemas de irrigación y fertilizantes- inexorablemente moverán el reloj otro tictac, germinando semillas y retoños, inundándonos con su fecundidad. Con el aspersor y los fertilizantes estamos apretando el acelerador, y después arando y podando estamos echando el freno. Ningún sistema puede ir bien con tal regimen esquizofrénico."



Un bosque maduro tarda 100 años en formarse


Ahora me ha dado por observar las diferentes etapas de la sucesión en estas tierras. Hace tiempo que no hay bosques pero los signos de la sucesión son evidentes.

Esta terraza llevará unos 14 años sin ser arada.

Después de las pioneras que son las que cubren la tierra descubierta aparecen siempre las herbáceas pero poco a poco la fase arbustiva dominada en estas tierras por la aulaga y el escobizo empiezan a hacerse hueco expulsándolas. En las primeras fases, árboles que algún día podrán ser de cubierta -como es el nogal- se comportan como si fueran arbustos. Pero no todos los árboles de cubierta pueden aguantar el sol directo en sus primeros años de vida, por ello, algunos para prosperar necesitarán la sombra de otros árboles más pioneros hasta que puedan ocupar su lugar de imponentes reyes del bosque. En nuestro caso, el nogal es un todo terreno, aparece espontáneamente en muchos lugares y crece mucho más rápido que los árboles del bosque titular que son los quejigos.

Esta ladera orientada al este no habrá sido nunca arada pero sin duda ha habido rebaños que la mantenían pelada.
A estos quejigos los he visto pasar de tamaño arbusto a árbol joven. 

En las zonas más húmedas para la fase arbustiva predomina el escobizo, en las más secas el tomillo y el cardo corredor, y la poderosa aulaga ocupa todos los lugares. El tomillo y las herbáceas nunca comparten espacios.

Más tarde el espino blanco y el rosal silvestre van ganando altura para el ecosistema. Y finalmente el quejigo, lento pero seguro será el bosque titular de la zona.

Tal vez os estéis preguntando qué habrá pasado con el castaño. Después de leer que no tenía mucho futuro, decidí cuidarlo como si no hubiera leído nada, pero Mavi como oráculo no tiene precio, con el fuerte calor de esta primavera se secaron sus tiernas hojas recién brotadas.


Este árbol no es un pionero y necesita sombra en sus primeros años.

Se secó la vara principal pero parece que tiene ganas de vivir.

Le he colocado una sombra y me he dado cuenta de que a un par de metros
lo podía haber plantado a la sombra de un rosal silvestre.

Es curioso como las cuestiones culturales nos condicionan. A dos metros había un sitio estupendo en tierras comunales para plantar el castaño bajo la sombra de un rosal silvestre, que le dará sombra durante muchos años sin que me tenga que preocupar de hacer crecer la malla de ocultación que le he puesto, sin pensar que se la va a llevar el viento o romper. Pero como no tengo escrituras de ese sitio... ni me lo plantee como sitio viable.


Así estaba este último fin de semana, muy guapito y contento con su sombra.
Tiene acolchado de cartón y paja encima
y dentro de la zanja se mantiene la humedad del suelo perfectamente.

Todo esto me va a hacer cambiar mi manera de actuar. Habrá más zanjas pero las llenaré de arbustos y árboles pioneros que irán abriendo el hueco para otro tipo de árboles como puedan ser los frutales. Y llevará su tiempo, la sucesión lo necesita, y mi labor será ayudar a que vaya más rápido, pero no me saltaré ni un paso. La variada plantación del seto cortavientos está siendo una buena prueba para saber qué árboles aguantan bien las duras condiciones de inicio y se comportan como pioneros. Ya os lo contaré al final del verano. La verdad es que está siendo un aprendizaje fascinante.







jueves, 5 de junio de 2014

La elección de los árboles (I): cubierta o dosel

Los árboles de cubierta o dosel son los árboles que más alto llegan en un bosque, son su techo y los que más sombra van a dar. Pero también pueden ser los árboles que van a crecer más lentamente y, por ello, los más longevos.

En nuestra selección de árboles eran unos pocos los que yo he considerado árboles de cubierta: nogal, morera, higuera, pino piñonero y encina. Aunque todo esto puede ser muy relativo: una encina, que crece lentamente, tal vez necesite casi 100 años para ser un árbol de cubierta y un melocotonero puede que a los 30 años de su plantación se haga viejo. Plantados los dos a la vez, el melocotonero crecerá más rápido y mientras la encina esté ocupando primero el lugar de la cobertura de suelo y luego el lugar de un arbusto, el melocotonero estará ocupando rápidamente su lugar en el sotobosque. Cuando la encina llegue a ser árbol de cubierta, el melocotonero ya no estará... y casi seguro que muchos de nosotros tampoco. Y al contrario, conozco un guindo centenario, árbol que he catalogado como sotobosque, que podría ser de cubierta sin problema.


Un señor guindo

Nuestro amable colaborador, que mide 1,86 m., se ha colocado para darnos una referencia de su tamaño 

Dicen que un bosque tarda al menos cien años en alcanzar el comienzo de su madurez, un bosque va más allá de la dimensión temporal humana. Estoy en la mitad de la cuarta década de mi vida y para el desarrollo pleno de algunos árboles que voy a plantar, ya voy tarde. Ya me gustaría a mí poder mirar por un agujerito y ver cómo estará dentro de 100 años lo que ahora solo está en mi imaginación, pero no, lo nuestro es hacer y hacer, y marchar. Los árboles se cuidarán a sí mismos, y lo vea o no lo vea yo, habrá mucho alimento para los pájaros y demás bichillos del campo, para paseantes y para herederos; así que siempre estará bien. En la Naturaleza siempre hay economía de recursos, alguien o algo lo aprovechará.

Aunque yo no vaya a estar para verlo del todo, voy a situar los árboles de cubierta teniendo en cuenta su desarrollo completo. Por eso, los voy a plantar en la zona noroeste de la finca para que su sombra incida fundamentalmente en la ladera de solana y no tapen demasiado al resto de los árboles que crecerán a su lado. Las laderas de solana están muy empobrecidas y de-soladas. Hace unos 10 años que no hay rebaños y ya se nota la regeneración, empiezan a verse pequeños quejigos, nogales, majuelos, pero sobre todo en las laderas de umbría. Esa sombra hará que el suelo no pierda tanta agua durante el periodo seco estival y pueda albergar más especies.

Árboles de cubierta


Y aquí retomo estos dibujos míos, a ver si poco a poco voy mejorando. Para las encinas que ya tengo plantadas cerca tengo otras cosas planeadas así que sólo plantaré nogales, moreras, pinos piñoneros e higueras. Creo que las higueras enseguida dan frutos pero el nogal y el pino piñonero empiezan a producir tímidamente a partir de los diez años para ir aumentando la producción según van creciendo. La morera no lo sé, tengo un plantón del año pasado, nacido de semilla, ya lo iré viendo. A todo le doy diez años, pasado ese tiempo, será el momento de hacer valoraciones.




Nuestro guindo centenario en flor: belleza, belleza y más belleza



viernes, 23 de mayo de 2014

La elección de los árboles (0)

Nada de mangos ni de guayabas... vamos a ser realistas.

Hay un montón de frutales que no se van a podar dar, los hay que no aguantan el frío, lo hay que sí lo aguantan pero las heladas después de una floración demasiado temprana malogran los frutos, los hay que necesitan abundante agua, los hay que necesitan dosis altas de calor para madurar,... y creo que estas son las limitaciones fundamentales que nos podemos encontrar a la hora de la elección de los frutales para este bosque de alimentos.

Pero no todo van a ser restricciones... los hay también que necesitan acumular horas de frío y que sin ese frío necesario no florecen. Málaga parece tener un clima más agradable que Burgos pero no para un cerezo que, según variedad, puede llegar a necesitar 1300 horas de frío anuales para florecer y dar fruta. Así que no todo son desventajas en este clima, la Naturaleza siempre encuentra los caminos para adaptarse a cualquier sitio. Y si no, que se lo digan a las bacterias extremófilas del río Tinto.

Tabla 2: Requerimiento de frío, expresado en «horas de frío», para la ruptura de la dormición de distintas especies frutales caducifolias
EspecieRequerimiento de frío
(HF)
Observaciones
Almendro
200–500
Actinidia (kiwi)
700–1400
Arándano tipo 'lowbush'
> 800
Arándano tipo 'highbush'
150–1000
Arándano tipo 'rabbit-eye'
300–600
Avellano
800–1600
Caqui
100–500
Cerezo dulce
500–1300
Ciruelo europeo
700–1600
Ciruelo japonés
500–1000
Existen variedades con requerimientos de solo 200 HF
Damasco o albaricoquero
100–1100
Duraznero o melocotonero
200–500
Las variedades más difundidas requieren 600–800 HF
Frambueso
600–1600
Guindo
600–1500
Manzano
200–2000
La media general de los cultivares es de 1200 HF4
Membrillero
50–500
Nogal común
800–1500
Algunas variedades californianas requieren 300 HF
Pecán
100–600
Peral
620–1800
Vid
500–1400
Existen variedades con requerimientos de solo 100 HF
Fundamentalmente, he consultado en infojardin que es como la Biblia de los que nos gusta plantar y en este interesante enlace viene una lista con muchos frutales para los 4 tipos de clima que ellos diferencian:

1. Clima frío. Heladas frecuentes y se alcanzan temperaturas inferiores a -10ºC.
2. Clima templado y mediterráneo fresco. Heladas escasas, rara vez se alcanza -10ºC.
3. Clima mediterráneo. Heladas débiles, no suelen superar los -5ºC y son de corta duración.
4. Clima subtropical y tropical. Heladas muy raras o inexistentes. El termómetro no baja de +3ºC.

Mirando la lista del clima frío, que sería el nuestro, nos encontramos con que hay mucho y variado, y eso anima. Luego dentro de los melocotoneros, las peras, las manzanas, etc. hay subespecies que están mejor adaptadas a climas fríos y que no se resienten tanto con las heladas. Tengo que dar con ellas, en este hilo del foro Repoblación Autóctona (lleno de románticos plantadores "furtivos" de árboles autóctonos) hay mucha información por la que tendré que bucear.

Mientras tanto he preparado una lista de árboles, arbustos, trepadoras y zarzas de fruto, que creo que se pueden adaptar a esta zona:

1 Cubierta, 2 Sotobosque, 3 Arbusto


Y siempre es bueno fijarse en los frutales que se dan en la zona: brevas, el delicioso ciruelo claudio, manzanos, nogales, cerezos, guindos, avellanos, zarzamora. Eso es lo que ahora hay y se da; ya sé qué puedo contar con ellos.

¡El vergel está en marcha!