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jueves, 9 de agosto de 2018

El desastre tras la tormenta


Cuando hice el curso de diseño de permacultura (PDC para los amigos) uno de los múltiples trabajos que nos pidieron era que le diéramos una pensada a las catástrofes naturales que podríamos llegar a sufrir en nuestra zona, porque un buen diseño siempre deberá tener en cuenta el máximo de adversidad posible, para así, cuando esta llegue, porque siempre llega, estemos preparados nosotros y nuestro sistema y así los daños sean los mínimos y también lo más llevaderos posible.

Era un curso online impartido por Andrew Millison y organizado por la Universidad de Oregon y éramos gente de muchas partes diferentes del mundo. Cuando presentábamos los trabajos, estos no solo eran vistos por el equipo docente, sino que todo el grupo podía ver lo que cada uno presentaba. Ver los trabajos de los demás me hizo pensar en la suerte que tengo de vivir en esta parte del mundo donde las probabilidades de tener un tsunami a 850 metros de altura sobre el nivel del mar son prácticamente remotas, bueno, rozando lo imposible... porque si esto ocurriera, sería una catástrofe de tal alcance planetario que ya daría igual todo lo demás. Pero, por ejemplo, no hay riesgo de terremotos que era algo que a mis compañeros de la costa oeste de USA les preocupaba mucho y lo sentían como algo bastante probable.

Después de pensar un poco, yo indiqué el riesgo de que una nevada dejara el pueblo aislado unos días, cosa que se soluciona fácilmente teniendo una despensa bien provista y leña. También de sequía prolongada, pero con eso me estoy siempre peleando y lo tenía claro, almacenamiento de agua dentro y fuera del suelo y no plantar más de lo que se pueda regar y alimentar los suelos para que sean ricos y esponjosos, con una buena capacidad de retención de todo el agua que caiga. Fuertes vientos, para los que ya tengo cortavientos y hugel en marcha... Y descarté las inundaciones destructivas porque esto es cabecera de río y, además, estando yo en un alto pues mucho menos peligro. Grave error.

El 8 de julio del 2018, hace algo más de un mes, se oscureció el cielo y cayó una soberana tromba de agua y granizo. Ya habían caído 30 litros de agua hacía unas pocas horas, y a eso se sumaron 60 l que cayeron en poco menos de 45 minutos. Yo estaba dentro de la caravana y pensaba que la tormenta la iba a romper.

Después salimos todos a ver la crecida, el río había inundado huertas y caminos, llevado piedras de los márgenes, movido terraplenes. Impresiona la fuerza de la Naturaleza, incluso para nosotros que estamos tan alejados de ella y que con dar a un botón o mover una palanca, estamos acostumbrados a hacer magia energética todos los días. Pero en esta entrada os voy a contar lo que ocurrió en la parte alta, en mis territorios. Las fotos son de tres semanas más tarde.

Tromba de agua y adiós suelo fértil

El problema vino de la gran finca que tengo encima. Este año está plantada con girasol y entre el generoso marco de plantación del girasol y los herbicidas que echan a la tierra para que no tenga competencia... dejan el suelo desnudo y el agua cayó y cayó y formó una riada de lodo que llevó muchas cosas por delante.

Se formó un río por las terrazas de la finquita vecina por la que tengo el acceso a la mía



Detalle de la erosión en el pequeño talud

Vista desde arriba.
La finca de abajo ha ganado suelo.
Vista desde abajo. Esta foto es del día de después.

Aunque toda la finca debió estar chorreando lodo por todos sus lindes (que en parte ha sido recogido por mis terrazas) la peor parte se la ha llevado el vallejo donde ya tenía unas cuantas zanjas en marcha con plantaciones forestales. Se rompieron dos taludes y el río de lodo y piedras que se formó fue interesante. Podía haber sido peor, pues sí, pero para empezar se han colmatado las zanjas y enterrado muchos arbolitos que eran todavía pequeños.

El río formado desbordó la finca en un punto y se creo una catarata que rompió un talud, bajó por una pequeña terraza un nivel superior al vallejo y formó otra catarata en el talud superior del vallejo y corrió por todo él hasta desaguar en el siguiente nivel. Ahí estuvo a punto de hacer otro destrozo y llevarse el talud, las grietas que se aprecian son profundas, pero la capacidad de retención de agua de la vegetación de mi vallejo y mis pequeñas zanjas seguro que ayudaron a que no se fuera todo hacía las fincas del valle como en las fotos anteriores. No soy una buena fotógrafa, pero espero que os podáis hacer una idea de la que tengo montada.

En esta foto se puede ver el talud del vallejo destrozado y si os fijáis un poco más arriba el otro talud abierto.
Detalle del destrozo en el talud de arriba. Se aprecian bien los estratos del suelo
La riada siguió por la terraza de arriba
Y cayó por el talud del vallejo que también rompió.
Se formaron profundas cárcavas.
El primer depósito paró las piedras y fue movido y ahora no recoge agua adecuadamente.
La primera zanja totalmente colmatada y con el acolchado movido 
La segunda zanja y la tercera zanja que se encuentra a continuación del depósito también rellenas por el lodo.
En el lateral otra zanja por la que corrió el agua con fuerza.

La zanja lateral está pensada para ser un cortavientos comestible en el vallejo. Bastante estrecha, dentro de ella había plantada una secuencia densa de arboles altos y arbustos. Estas son las especies de cada secuencia: pino piñonero - chopo - madroño - chopo - nogal - chopo - morera - chopo - pino piñonero. La zanja se sitúa en el cambio entre la ladera de umbría y el vallejo. Ya tenía plantadas dos repeticiones de esa secuencia. Probablemente, hasta el final del vallejo haya espacio para cuatro.

Una entrada sobre esta zanja lateral estaba empezada pero ahí se quedó sin hacer. En general, todo iba bien, menos los madroños que se habían helado en los dos inviernos consecutivos que los he plantado y la morera que no aguantaba bien el verano (probaré a plantarlas algo más grandes en el futuro). Pero los pinos, nogales, chopos, guisante siberiano iban bien. Lentos pero seguros.

De los chopos tengo que hacer mención especial. Es una especie que voy a utilizar mucho en el futuro. Los arranco con algo de raíz en verano de las cunetas donde no van a poder prosperar. Son pequeños, los meto en tiestos que mantengo con la tierra húmeda y TODOS prenden. Al invierno siguiente los planto en tierra y todos van bien. La idea de ese cortavientos es no dejarlos crecer a lo alto y mantenerlos a una cierta altura. Ellos rebrotan muy bien.

Ahora me planteo si la que creía que era una de mis mejores ocurrencias, la de plantar los árboles dentro de las zanjas, es realmente tan buena. Es el mejor sitio para que no sufran tanto los rigores del seco verano, pero cuando ocurren cosas de estas, te das cuenta de que, y especialmente en esta zanja que va de arriba a abajo, tal vez es una idea muy poco afortunada. Y más cuando los árboles son todavía pequeños. Sospecho que algunos de ellos han sido arrastrados y a saber dónde están.

Un guisante siberiano (Caragana arborescens) plantado dentro de la zanja lateral con la raíz lavada y pelado.
Creo que sigue vivo.

Otro chopo dentro de la pequeña zanja lateral. Aguantó bien el embiste.
El chopo y el nogal son los grandes supervivientes de la zanja lateral.
Buscando a un pequeño pino piñonero, ya no está.

Vista general del vallejo

Al final del vallejo se acumuló mucho lodo. Sería un buen sitio para un estanque estacional.

Aunque ahora el talud que lo sujetaría está muy tocado y con grandes grietas
Segunda zanja colmatada

Estoy segura de que si la finca de arriba hubiera tenido al menos un herbazal sano y sin labrar, los daños habrían sido mucho menores. Habría sido capaz de absorber mucha más agua. La catarata no habría sido tan tremenda, la erosión habría sido mucho menor. Y si tuvieran una dehesa y yo unos taludes poblados de árboles, ni nos habríamos enterado. Pero no seré yo la que les pida a los dueños que cambien sus procedimientos, aunque sí que les voy a intentar hacer ver que como vengan muchas de estas, se van a quedar sin suelo y que me lo van a echar a mí encima. Estoy segura de que la realidad, que suele ser muy terca, nos hará cambiar los usos de la desastrosa agricultura industrial, pero mientras ese cambio ocurre, yo tendré que protegerme.

Tengo que poblar esos taludes y volver a colocar esas piedras en las cárcavas. Se me ocurre pino laricio (tengo una bandeja entera a la espera) y el versátil chopo, que crece bastante rápido y aguanta bien las embestidas del agua para los taludes rotos. Lo voy a usar en un sitio un poco raro para él, pues se trata de un árbol de ribera, pero le veo con la fuerza del árbol pionero que es. Y luego alrededor de la finca laricio, chopo, encina, serbal, guisante siberiano, madroño. Debería crear un buen seto de contención, sería lo ideal. Pero sé que eso tardará años en formarse. Estas tierras son austeras, los veranos suelen ser secos y los inviernos fríos y duros, el agua para regar es la justa. Todo tarda en hacerse. El seto que planté hace tres años va poco a poco. Algún día sé que pegará un estirón, pero las cosas no son de hoy para mañana. Solo espero que esta tormenta tarde mucho en repetirse, aunque sospecho que estos episodios extremos van a empezar a ser más habituales.

Ahora estaba más centrada en la era y estaba dejando que las plantaciones del vallejo siguieran su curso. Hay que volver aquí. Cinco de las seis zanjas están colmatadas, a ver qué pasa con muchos de los arbolitos que ahora están enterrados. Volvemos a empezar, con más conocimiento de lo que tiene que hacerse y también sabiendo mejor los limitados recursos de los que dispongo. No hay nada como ponerse a la faena para saber hasta dónde se puede llegar.

Me ilusiono fácilmente y creo que todo es posible. Y lo es, pero tal vez no en mi escala temporal. La frustración y las decepciones con las que muchas veces tengo que lidiar en la vida (como todos) no me paran fácilmente. Y detrás de este proyecto hay una buena razón que va más allá de mí misma, porque igualmente todo lo plantado no lo iba a ver ni a disfrutar en su fase adulta. Pero ahora estoy desbordada por todo lo que tengo que hacer, que entiendo me supera. Yo seguiré haciendo, poco a poco, porque no doy para más, y siempre que pueda lo seguiré contando... porque espero que alguien también pueda beneficiarse de mis errores y fracasos.

Y para acabar esta entrada de manera positiva... He ganado el suelo fértil que el de arriba ya no tiene. Y no todo está perdido.

El chute de agua y nutrientes han hecho crecer al quejigo en agosto
El guisante siberiano en su zanja colmatada también ha pegado un estirón y las hojas nuevas han nacido más grandes de lo habitual.








martes, 10 de julio de 2018

Mis queridos chapuingenios

Una de las cosas que más satisfacción me pueden dar en esta vida es lo que yo llamo los "chapuingenios". A mi mente ingenieril le gusta proyectar cosas y llevarlas a cabo. Normalmente, saco adelante lo que me propongo, pero, eso sí, a través de la chapuza, porque no soy nada fina trabajando. Pero desde el punto de vista práctico mis creaciones funcionan y, además, suelen durar. Ver mis proyectos salir adelante, funcionar y hacerlo a lo largo del tiempo siempre me ha dado mucha alegría.

Cuando me quedo aquí, vivo en una caravana. Este lugar no tiene electricidad ni agua corriente y en anteriores chapuingenios ya conseguí recoger agua de lluvia y almacenarla (puedo recoger hasta 5.500 L), y tener luz y agua en la caravana gracias a una batería que me llevo a casa a cargar cuando se descarga. Gracias a las dos pequeñas bombitas eléctricas, el fregadero y el lavabo/ducha tienen agua corriente, lo cual en este lugar sin civilizar es un auténtico lujo, pero el agua se tira por el desagüe debajo de la caravana y se desaprovecha.

En el curso de diseño de permacultura nos dieron un buen símil: la casa es como un manantial. Y si uno lo piensa, así es. Toda esa agua que sale por el desagüe y que desaparece como por arte de magia de nuestras casas, tiene un gigantesco y oculto circuito de canalización en el caso de las ciudades. En el caso de mi humilde caravana, cae a la tierra, allí mismo. Ya llevaba tiempo pensando en el desperdicio que es dejar que el agua se filtre en la tierra debajo de la caravana con lo necesitados que están siempre mis árboles de agua, y había hecho una pequeña conducción para que el agua saliera por el otro lado, entre dos manzanos, para que se pudieran aprovechar del agua de mis fregoteos.

Salida del desagüe de la caravana para regar unos manzanos. Y el barreño.

Pero una nueva idea entró en mi mente... ¿y si hago un pequeño estanque con acuáticas que depuren el agua de fregar y creen un punto de agua en este secarral veraniego? Y cuando una idea de estas entra en mi cabeza, ya no descanso hasta lograrlo, me pongo obsesiva y me apeno si no encuentro el momento para llevarla a cabo. En todos estos meses de silencio me he acordado mucho de este estanquito y de todas las entradas que tengo empezadas, pero no he conseguido ponerme... mudanzas, estudios, nuevas obligaciones.... Este año no he podido plantar, ni casi ir, y cuando iba, llovía o estaba cansada. Pero, por fin, ya puedo empezar a estar y a llevar a cabo mis locas ideas.

Este proyecto se compone de tres fases: el estanque del desagüe, un hugel con perennes de rica floración para atraer a polinizadores y otro estanque con una rueda vieja de tractor. Y espero poder hacer las tres cosas este verano. Pero vamos a ir por partes y, de momento, esta entrada se centrará en este estanque del desagüe de la caravana.

Me suele costar tirar cosas pero en este lugar me cuesta aun más porque, al final, siempre hay alguna utilidad para todo. El barreño de la foto fue comprado hace 14 años para apagar cal y ahí ha estado en la era, llenándose en invierno y secándose en verano. Siempre pensaba que tal vez estaría siendo un punto de agua en este alto y que algún habitante de la fauna salvaje podría estar beneficiándose de él. Se llenaba de algas rojas y en la mitad del verano con lo que quedaba, regaba algún árbol. No es muy grande pero creo que puede ser suficiente para crear un pequeño estanque y, además, es lo que tengo.

Mi amiga la pala, un suelo sombreado y a cavar

Es bueno que los estanques dispongan de algo de sombra porque el calor directo del sol acelera el proceso de evaporación. Así, el agua durará más tiempo dentro del estanque y las plantas acuáticas seguro que también agradecen el sombreado. Por la mañana tienen la sombra de un manzano y por la tarde la del otro.

¡Funciona!. El barreño tiene una ligera caída hacía el lado contrario de la entrada de agua para dirigir el posible rebose.

Una de las cosas en las que más hincapié hicieron en el curso de diseño es que siempre hay que contar con que en algún momento hasta en el sitio más seco puede haber un exceso de agua, que inunde la capacidad del sistema. Un buen diseño siempre tendrá en cuenta este posible exceso de agua y lo dirigirá hacia otros lugares donde pueda ser aprovechado. Siempre hay que darle una vuelta al rebose de los depósitos, estanques, zanjas, etc... para no perder ni una gota sobre todo en nuestros lugares, donde el agua no suele sobrar. El rebose de este barreño tendrá también su utilidad pero no voy a contar de momento nada porque tengo tantas promesas no cumplidas en este blog que casi mejor me callo. Y cuando tenga las siguientes obras hechas ... ahí se verá



La conducción del agua está hecha sobre todo de trozos descartados de la colocación del canalón. Pasan por debajo de la caravana hasta llegar al barreño.


Las plantas escogidas son el nenúfar, la cala y el junco silvestre (Juncus acutus) de esta zona, que aparece allá donde haya surgencias de agua. Y el alga roja que ha vivido desde hace años en el barreno.

Aquí están las plantas, aun un poco raquíticas porque están recién puestas.

Espero que el jabón que uso para lavar, que es uno neutro muy neutro, no les siente demasiado mal, y tampoco uso tanto... Vamos a ver cómo evoluciona todo. Si las plantas crecen y este miniestanque se transforma en algo bonito, actualizaré esta entrada y pondré una foto del milagro del agua en el secarral de verano.


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Y voy a aprovechar esta entrada para mostrar también todo el camino que hace el agua desde que es lluvia hasta que llega al estanque.

Los tejados son excelentes superficies de recogida de agua, ya que su función principal es mantener la superficie debajo de ellos seca y, por tanto, tienen que realizar dos funciones: impermeabilizar y expulsar el agua fuera de esa superficie. Mi primer y más importante chapuingenio fue poner un canalón en el tejado y canalizar el agua de lluvia hacia un depósito. Disponer de agua aquí arriba lo cambió todo. Ahora ya tengo 5 depósitos de 1000 L, dos bidones y un montón de garrafas. Y una de las labores del invierno es la de trasegar el agua desde el bidón de recogida hacia los de almacenaje.

Saber nuestra capacidad de recogida de agua es fácil: necesitamos conocer la superficie de recogida y las lluvias medias anuales. En mi caso tengo un canalón de 3 m y un tejado de 6 m de largo, por tanto, la superficie de recogida es de 3 m x 6 m = 18 m2. Las lluvias medias anuales son de 550 mm. Y se le aplica un factor de corrección a la baja  (0,9) porque siempre hay pérdidas en el sistema.

La fórmula a aplicar es:

Capacidad de recogida anual de agua = Precipitaciones anuales x Largura del canalón x Largura del tejado x 0,9 (Coeficiente corrector por pérdidas varias)

Así que:

550 mm x 3 m (largura del canalón) x 6 m (largura del tejado) x 0,9 =
8.910 L anuales son expulsados por el tejado hacia el canalón.

Tengo menos capacidad de almacenaje que de recogida.


El canalón solo ocupa la mitad de todo el ancho del tejado. Aun tengo posibilidad de ampliación pero es un tejado muy irregular y es muy difícil ponerlo bien. Además, no tengo dónde almacenar el agua.


Cuando digo que soy una chapucera es por algo

El agua atraviesa toda la pared lateral del pajar hasta llegar a la era





El agua llega al depósito de recogida. Milagrosamente, la era está a la altura
adecuada. Un poco más alta y no se hubiera podido hacer este sistema
¡


En la era hay dos depósitos: el de recogida y otro más.
Durante el invierno hay que estar pendiente de trasegar el agua hacia los demás depósitos
Las cintas de las persianas sirven muy bien como tirantes de sujeción.
Aguantan durante años a la intemperie sin despeinarse.
Los agujeros que se aprecian son nidos de vencejo que anidan aquí desde hace 3 años.
Cuánta alegría dan a la era. 



En el patio, un nivel más bajo que la era,
tapados por una exuberante madreselva hay tres depósitos más



Los tres depósitos del patio están conectados. Y tengo una colección de garrafas de agua con las que almaceno unos 220 litros

Casi todas las garrafas son para regar pero algunas acaban en la caravana. Con ellas alimento el depósito de donde chupan los grifos del fregadero y del lavabo.
Una avispa papelera, Polistes dominulus, está haciendo el nido en la tapa de acceso a las bombonas, depósitos y batería. Parece que no le importa que abra y cierre la tapa.
Me da pena quitarla y  la vez me da miedo, pero parece que pasa bastante de mí
Tener un fregadero en funcionamiento en medio de la nada es un gran lujo. Era lluvia y ahora es chorro.

Y del desagüe ahora ya va el agua hacia el estanque. Aquí quedaría muy bien poner una foto del estanque en todo su esplendor. Ojalá llegue el momento.


Se me olvidaba dar las gracias a todos los que me han ayudado sobre todo con el canalón: a mi querida madre, que murió el año pasado, a Ina que ha metido muchas horas y fuerza, a Antón y Amaia que siempre están ahí cuando les pido ayuda para las cosas a las que no llego sola y a Consuelo, que no se aburrió de sujetar la escalera y me animaba y jaleaba. GRACIAS




domingo, 3 de diciembre de 2017

Pan de bellota

Antes de nada quiero agradecer a las personas que se han puesto en contacto conmigo durante estos meses de silencio para preguntarme cómo estoy y qué es de mi vida, y animándome a continuar con el blog. Este ha sido un año complicado y he estado bastante apartada de estos asuntos. Y casi no he podido ni acercarme este verano a regar y tampoco tengo fotos pero os pido que me creáis si os digo que las zanjas con acolchado van de maravilla y apenas he tenido bajas. Y eso que este año ha sido también muy complicado para las plantas por la sequía y por los calores. En el vivero he tenido muchas bajas pero en lo plantado en tierra, solo un madroño que murió en las fuertes heladas de enero y un avellano, que aun está por ver si no va a rebrotar en la próxima primavera.

Hoy os quiero contar los resultados de un experimento que tengo entre manos. Hace años gracias a un libro del gran César Lema "Cocinar con bellotas en la era post-petrolera" (a partir de ahora Libro 1) aprendí que la bellota podía ser un recurso muy valioso para nuestra alimentación. De hecho, al parecer, era la fuente principal de carbohidrato para nuestros ancestros celtas e íberos. Tal y como nos cuenta mi amiga Mavi Arroyo en su entrada "Por qué no labrar, si siempre se ha labrado" fueron los romanos los que cambiaron los usos tradicionales de nuestros antepasados que pasaron a consumir cereales y a vivir en las tierras bajas, donde estos son cultivables. Y se generalizó el arado.

Me quedé enganchada a la idea de consumir bellotas. Algo en mis genes debió resonar y llegaron hasta mí añoranzas de una vida en los bosques. Desde que conozco la permacultura esta idea se ha vuelto aun más interesante. Si tenéis presente la sucesión ecológica, los cereales se sitúan en las primeras etapas de la misma. No les gusta la competencia y para su cultivo se ara y ara sin parar, actividad que ahora se realiza con poderosos tractores que expulsan CO2 a la atmósfera. Arar, a su vez, destruye el suelo fértil y su capacidad de ser un sumidero de CO2. Y esto solo por mencionar dos de los malos aspectos de la agricultura industrial. Sin embargo, con las bellotas pasa lo contrario: lo más productivo son los árboles adultos. Arar no sería necesario, los ecosistemas podrían ser llevados a una capacidad mayor de carga, admitiendo más biodiversidad. Cambiar nuestra fuente de carbohidratos podría hacer que las grandes extensiones que ahora son mantenidas con gran gasto energético en las primeras etapas de la sucesión, pasaran a adehesarse, pudiendo conseguir nuestro alimento más naturalmente y sin destrozar la fertilidad de los suelos de nuestro planeta.

Vaya manera de tratar la tierra. Foto de aquí

Cerca de mi casa en Bilbao hay un bosquete de reforestación con roble carballo (Quercus robur) ya en producción, y ahí me he ido a coger las bellotas. Las he probado y son muy amargas y astringentes, desagradables de comer, pero parece ser que no todas las bellotas son así. También las hay más suaves, sobre todo las de encina, y luego hay individuos sueltos que dan bellotas realmente dulces. (Y en este punto aprovecho para pedir, que si alguien conociera un árbol de bellota dulce y tuviera a bien mandarme alguna el año que viene, les estaría eternamente agradecida. Podría incluso acercarme a por ellas). La verdad es que ahora pruebo todas las bellotas que encuentro.




En menos de media hora recogí una buena reserva, suficiente para todas estas pruebas.

El botín

Tal y como se comenta en el Libro 1 (Ver pág. 169), para conservar largo tiempo las bellotas hay algunos métodos. Yo he utilizado el de inmersión: solo hay que sumergirlas en agua y cambiar esta al menos una vez a la semana. Yo las cogí a mediados de octubre y a día de publicación de esta entrada, las he podido seguir utilizando. Cada vez que he querido hacer algo con ellas, sacaba las que necesitaba, las pelaba y listo.

En total he hecho seis tipos de pan en cinco tandas. En las dos primeras tandas he usado la misma receta, haciendo una fusión entre la que aparece en el libro de Iban Yarza "Pan casero" (a partir de ahora Libro 2) y la receta propuesta por César Lema en este otro libro (a partir de ahora Libro 3, ver pag. 29), pero con diferentes métodos de desamargado, y mezclando la bellota o la castaña al 50% con harina de espelta. En la tercera tanda se ha hecho con harina de centeno, fusionando la receta de Iban Yarza de "Pan automático de centeno" y la receta de César en el Libro 3 llamado "Pan de mañana". En la cuarta no he usado harina de cereal ni tampoco levadura viva sino la química. Y en la quinta he hecho unas tostas de bellota con cebolla y sésamo.

Un buen libro para empezar a hacer pan


Esta es la receta de pan que aparece en el Libro 2 (en la pag. 160) muy resumidita y de donde he cogido los tiempos de levado y cocción del pan para las dos primeras tandas:

Amasado:
Mezclar todos los ingrediente menos la sal y dejar reposar 20 minutos.
Añadir la sal y amasar hasta que coja consistencia y se vaya pegando menos.
Dejar la masa fermentar en un bol durante dos horas. Siempre tapar el bol con un trapo, papel film, etc.
(A partir de aquí mi experiencia diverge del libro)
Amasar y dejar reposar otra hora.
Volver a amasar y bolear para hacer una hogaza. Colocar la masa boleada sobre la bandeja del horno.
Tapar la masa y dejar que fermente sobre la bandeja unos 30-40 minutos.
Justo antes de meter al horno hacerle unos cortes con un cuchillo, en la forma que nos guste.

Horneado:
Los primeros 15 minutos a 250ºC con mucha humedad con calor desde abajo, nunca uso el ventilador. Yo tengo una bandeja vieja en el fondo del horno y cuando meto el pan con el horno precalentado a 250ºC, echo en ella un vaso de agua que por el calor del horno se evapora y crea una atmósfera húmeda. No se puede abrir durante este tiempo. Después de este tiempo se baja a 200ºC y se mantiene el horneado durante otros 40 minutos. Antes de probar el pan se deja enfriar sobre la rejilla.

Y si no sabes cómo bolear, te recomiendo este video. Los videos de esta panadera son todos muy buenos, da gusto verla amasar.

Las recetas de las siguientes tandas más adelante.

Bueno, vamos al lío.



1er Intento - Desamargado por cocción y mezcla al 50 % con espelta


Así quedó de bonito. La primera sorprendida...yo misma.

Hay varios métodos propuestos para desamargar las bellotas (Ver pag. 176 del Libro 1). Y en este primer intento he elegido el desamargado por cocción. La proporción es 1 L de agua por cada 100 gr de bellota y cocer durante una hora (Ver pag. 28 del Libro 2)


Bellotas peladas y listas para empezar su transformación a pan.
Las rompí algo para que soltaran mejor los taninos
Después de una hora de cocción queda la bellota con este aspecto
Lista la pasta para mezclar con la harina de espelta
¿Tal vez demasiada levadura?

He echado mucha más levadura de la que le correspondería a un pan normal, pero la bellota, al no tener gluten, no es del gusto de las levaduras. Así que había que conseguir una buena miga con la mitad del gluten, aportado solamente por la harina de espelta.

Tenía 296 gr de bellota fresca que al cocer quedó en 417 gr por estar más hidratada. A esa cantidad le añadí 300 gr de harina de espelta. Al juntar la pasta de bellota con la harina de espelta cometí un error: eché 200 ml de agua, lo cual resultó ser demasiado y tuve que echar luego harina de espelta durante los siguientes amasados, porque la masa estaba muy pringosa y difícil de amasar. Creo que 100 ml, sería más que suficiente, o tal vez nada. Hay que ir probando.

De sal no os doy cantidades, echad poco a poco e id probando la masa hasta que esté de vuestro gusto.


Harina de espelta y pasta de bellota recién mezclada
Masa después del primer levado de dos horas
Masa ya boleada y colocada en la bandeja del horno, recién comenzando el último levado.
 Y así quedó la miga

RESULTADO:
Salió un pan jugoso, de muy buena corteza, pero... ¿y qué tal sabe?. De todos los que lo han probado, solo hay una persona que me ha dicho que le gusta y que le recuerda al pan fuerte de centeno. A favor de este pan está el que nadie me ha dicho que esté malo, aunque igual ha sido por no herirme... Es un pan de sabor muy fuerte... sabe como a tierra, como a bravío, ese sabor que suele tener todo lo salvaje. Probablemente, podría combinar muy bien con algo dulce. Unos cuantos me han dicho: "sabe raro, pero no está malo". Yo opino igual.



2º Intento - Desamargado por lavado y mezcla al 50 % de espelta, usando castaña y bellota

A la izquierda de castaña, a la derecha de bellota.
Prueba de observación: a cantidades iguales, ¿cuál le ha gustado más a las levaduras?

Esta es la segunda tanda. Aquí también probé con castaña, intentando copiar lo que seria tener bellotas dulces.

Tuve las bellotas toda una semana lavando, cambiando de agua al menos una vez al día. La rompí con la batidora en trozos bastante finos y al principio salió una especie de leche vegetal amarguísima que después de una semana de ir cambiando el agua salía casi limpia. Me dio un poco de pena tanto lavado, porque si dicen que la bellota es tan nutritiva (Ver libros 1 y 3), seguramente no solo se fueron los taninos con el agua sino un montón de vitaminas y minerales. Realmente esto es como quedarse con la pulpa y desechar la leche vegetal. No me convence mucho.

En este utensilio para hacer leches vegetales las estuve lavando.
Así estaba el agua del último lavado.
Y esta es la bellota triturada. Después la cocí 5 minutos e hice la pasta
Esta es la castaña. La cocí aunque no lo suficiente pues quedaron algunos grumos

El día de hacer pan, después de la semana de desamargado por lavado, cocí la bellota triturada durante 5 minutos para hacer la pasta. y la mezclé a partes iguales con la harina de espelta. Eché unos 100 ml de agua. Lo importante es que os quede una textura amasable, que no se pegue por húmeda ni se rompa por seca. Hice lo mismo con la castaña.

Las cantidades son iguales que en el primer intento. El levado y el horneado también. Solo que esta vez dividí los 300 gr de harina de espelta entre dos panes: uno con castaña y otro con bellota.

Y aquí está su miga
Es increíble el mundo de las levaduras... al hacer los dos panes a la vez se puede comparar muy bien qué masa es más del gusto de las levaduras. Si veis las fotos, veréis que el pan de castaña es bastante más grande y que su greñado (ese corte que tiene el pan tan bonito) está feo. Esto es debido a que debía haberse metido antes que el pan de bellota en el horno. A las levaduras les gusta mucho lo dulce y van más rápidas. Cuando hice el greñado, que se hace justo antes de meter en el horno, ya habían perdido la tensión del levado y apenas se abrió. El de bellota, sin embargo, quedó estupendo.


RESULTADO:
El pan de castaña era como un bollo dulce, estaba sosete porque me quedé corta de sal, pero puede ser un pan de desayuno estupendo. El pan de bellota tenía un lejano sabor parecido a su predecesor del primer intento pero mucho más suave. Interesantes panes los dos.



3er Intento - Desamargado por lavado y mezcla con centeno

Para este intento he tomado la receta de Iban Yarza en la pag. 70 del Libro 2 "Pan 100% de centeno, automático", añadiendo bellota. Lo he intentado dos veces pero esta vez no puedo presumir de un buen pan.




En el video anterior tenéis la receta explicada paso a paso por el propio Iván Yarza.

Y esta es la receta tuneada de Iván Yarza incluyendo bellota:

Primer paso: a las 21:00 h
Masa madre de centeno 5 gr
Harina integral de centeno 45 gr
Agua tibia 45 gr

Segundo paso: a las 9:00 h
Primer paso fermentado 95 gr
Harina integral de centeno 95 gr
Agua tibia 95 gr

Masa: a las 13:00 h
Segundo paso fermentado 285 gr
Harina integral de centeno 110 gr
Bellota triturada 175 gr
Agua tibia 225 gr (En la receta original: Agua alrededor de 245-260 gr)
Miel 20 gr
Sal
Levadura fresca 5 gr

No me preguntéis de donde he sacado la proporción de bellota a echar. Prueba y error: la primera vez al 50 %, y la segunda con algo menos. La primera vez quedó tremendamente deformado y gomoso por lo que se conoce como "starch attack": una masa estupendamente fermentada, al meterla en el horno, cae y se apelmaza... y la segunda vez también me pasó aunque algo menos. Pero como ya no me quedan bellotas... se acabaron los experimentos por este año. Soy cabezona, ya habrá oportunidad de que salga este pan.


La leche de bellota de Quercus robur en un brebaje amarguísimo
No se ve en el peso pero son 175 gr de pulpa de bellota triturada y lavada
Así está el centeno antes de mezclar con la bellota, la miel y los demás ingredientes
Solo queda echar harina por encima y dejarlo levar todo el tiempo que necesite antes de meterlo en el horno
Parecía que todo iba a ir bien

Pero no... y el primer intento quedó aun peor

Conozco personalmente una persona que ha probado el "Pan de mañana" que César Lema hace con centeno (Ver Libro 1, pag. 197) y me ha dicho que es delicioso. Él lo hace al 50 % con centeno, así que todo es posible. Este pan queda pendiente.


4º Intento - Desamargado por lavado y mezcla con semillas y harina de garbanzo


Este pan podría servir para celiacos

Aquí está la receta original. Es un pan de los que se preparan ahora para los celiacos que por su intolerancia al glutén no pueden comer cereales.

No hay mucho qué decir sobre esta preparación, he seguido las instrucciones, solo que he sustituido la almendra de la receta original por la misma cantidad de bellota triturada y lavada en el filtro de las leches vegetales. También, en la receta se menciona la levadura seca como uno de sus ingredientes, pero por el tipo de preparación sin fermentación, yo lo he intentado con levadura química, la de los bizcochos. Y aunque la receta no lo dice, he puesto el horno a 200º C 50 minutos, calor desde abajo sin ventilador. Como un bizcocho normal.

Tostado está bueno, tiene un montón de semillas

RESULTADO: Es un bizcocho salado interesante. Como no he hecho la receta original previamente, no puedo decir qué aporta la bellota. El sabor que predomina es el del romero. Se lo he dado a probar a dos amigas y esto me ha dicho: Una: "me ha gustado, me ha parecido de olor y textura como bizcocho", y la otra: "me ha gustado, sabe tal vez demasiado a romero que según con qué lo acompañes igual no pega". Gracias, mis queridas vipcinas.




5º Intento - Desamargado por cocción y mezcla con cebolla y sésamo

Los anteriores no dejan de ser copias del pan al que estamos acostumbrados, pero a fin de cuentas no nos libramos de los cereales. Así que este intento es sin ningún cereal ni levadura, el pan ácimo que se decía antes. Y por la forma que tiene, es lo que ahora se llama tosta. La mezcla es con cebolla pochada, sésamo y pizca de sal.


Últimas bellotas de esta temporada. Lo oscuro son marcas de oxidación.
Ya no tengo más bellotas. Se puede decir que la inmersión es una buena manera de conservarlas: han aguantado mes y medio en buen estado, aunque de la tanda final un tercio ya estaban negras y reblandecidas, y las he desechado.

Están cocidas para desamargarlas y después trituradas en pasta
Cebolla pochada

Las cantidades de esta receta las he hecho por que sí... Con la cebolla que tenía en casa me han salido 146 gr de cebolla pochada. Es importante tenerla mucho rato a fuego lento para quitarle la mayor humedad posible, pues si no, luego le toca al horno deshacerse de ella.

A la mezcla de pasta de bellota y cebolla pochada le he echado la sal y el sésamo crudo a ojo
Se extiende sobre papel de horno en la rejilla
Lo he tenido unas 3 horas en el horno. Empecé con 200º C al principio para darle fuerza y después he oscilado entre 150ºC y 100º C. Hay que darle la vuelta para que se seque bien por los dos lados. Se me ha quemado un poco, es mejor más tiempo a menos temperatura

Hay que tener cuidado de que no se queme, las partes más oscuras amargan algo. Faltan las catadas.

RESULTADO:
Me ha gustado mucho. Es muy crujiente, se deshace fácilmente, se nota que le faltan las fibras del gluten, pero está bueno. He elegido cebolla y sésamo porque es lo que tenía en casa, pero juraría que esta receta acepta todo: queso, pimiento. especias. picante, calabaza, jamón serrano...


CONCLUSIONES:
El año que viene espero poder volver a intentarlo. No volveré a coger bellotas de Quercus robur que, aunque son grandes, amargan como la hiel. Lo intentaré con las bellotas de encina y también de Quercus faginea, el quejigo, que es lo que tengo a mano en Burgos.

Para estas bellotas el lavado de una semana no hacia gran cosa. Tal vez un poco menos amargas pero seguían siendo poco apetecibles. Lo que mejor funciona es triturar con abundante agua y desechar la leche vegetal que sale. Pero es una pena, porque se desprecia probablemente lo más nutritivo. Espero que con otra clase de bellotas menos amargas, se pueda aprovechar todo.

Y hasta aquí he llegado. Al final, de tanto desarmargar, triturar y lavar me he visto muy suelta con el procesamiento de la bellota. Me hubiera gustado que me pasara como en el libro "El clan de oso cavernario", donde los personajes neanderthales se conectaban con el "wifi" de su especie y de ahí extraían todo el conocimiento disponible. He pensado mucho en las recetas de nuestros ancestros que ahora ya están perdidas y en su manera de vivir, tomando de la Naturaleza lo disponible. Sin duda nuestra vida es mil veces más cómoda, pero estoy segura de que también es mucho más vacía, esclavos como somos de nuestra comodidad.

¡Que aproveche!